PROLOGO


Nunca he llegado a conocer a la Señora que me parió, hasta el punto que esto me abre los ojos del todo. Ahora entiendo muchas cosas. No me lo pude imaginar, ni me lo acabaré de creer nunca. Se terminó mi madre, estoy contento.

Con la seguridad de que los traumas son imposibles de falsificar y la relación materno-filial, debe de ser un pilar del ser humano, con esta seguridad, escribo todo esto. Las mentiras aquí serán fáciles de descubrir y difíciles de mantener.

Mis padres me tuvieron de mayor, ella nació en 1.936, él en 1.920 y yo en 1.976. Soy hijo único, no tengo hermanos, ni ninguna otra familia. Sufrí bullying en la escuela, perdí de vista a los amigos del barrio, me costó tanto crecer solo, que me oculté.

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Mi madre y yo somos de los “Cativos”, para explicar que este problema no viene solo dado por mí. Se dejó de hablar con toda su familia cuando yo era un niño. Algunos de esos problemas fueron pintorescos en los Xulgados de Tui.

Con la familia de mi padre también dejó de hablar cuando yo era un bebé. Para ellos siempre he sido el hijo de mi madre y aunque me aceptaron con 16 años, ningún buen recuerdo tengo de aquella época, ni ellos de mi, salvo malos.

Desde que tengo uso de razón, mi madre siempre me contaminó contra todos ellos. Ahora, algunos de aquellos argumentos parecen ridículos para decírselos a un niño, que solo quería conocer a sus primos. Idea que la hacia enfadar.

Mi madre lleva muriéndose 30 años, sobretodo cuando las conversaciones le son agrias. Ella siempre las termina con muestras de dolor, suspiros amargos y cerrando fuertemente los ojos. Un chantaje emocional que le funciona, pese a lo tosco.

En mi vida, nunca meteré a mi madre en un Asilo. Cuando era pequeño, mi madre me culpabilizaba a mi con su peculiar tono de odio, de los hijos que echaban a sus padres de casa. Ahora lo veo gracioso, aunque no lo fuese.

Ya en el Bachillerato, dejé Confirmación por que no me habían querido aceptar en el Coro, por no tener oído musical. A la semana me llamó el cura del Cristo de las Cadenas y me preguntó, “si pegaba a mi madre”. Me dejó flipado.

Lo peor vino después, cuando intentaba pensar que hacer y mis primos mayores también me acusaron, como si no la conociesen, como si me vieran capaz. Fue lo mas humillante que he vivido y no lo he podido olvidar.

Siempre he querido saber quien me acusó. Solo tengo constancia de que aquel rumor llegó solo al cura y al Bar de mis primos. Mira que le habré dado vueltas a este asunto, pero no tenía ni idea. Al menos ahora podré tener alguna hipótesis.

Había salido del Colegio Público Gesta II, con mi secreto bien escondido y mi vergüenza se vio aumentada con creces. Si no quería salir por Oviedo para no tropezar con mis compañeros, ahora no quería salir por el barrio donde había nacido.

Los años pasaron, esperando la noche, quedarme dormido y pensar que era un día menos para morir. Mis miedos aumentaron, mis tabús, mis frustraciones, mis complejos, sin que nunca nadie me ayudase, salvo una Celestina.

Mi padre murió en 1.998 y hui de Asturias. Estuve 10 años trabajando en Canarias. Muchas veces me encontraba solo. Ella resultaba ser la única familia que tenía. Mi madre me visitaba los meses mas fríos para aliviar su reuma.

Los constantes reproches de mi madre cuando las discusiones le eran agrias, servían para que le sacase el tema de los maltratos. Siempre silencio, mirada llorosa, aptitud compungida, hasta que con su tono de odio, finalizaba la discusión.

Me he pasado toda la vida con las limitaciones de las enfermedades de mi madre. No tengo ningún buen recuerdo con ella, solo un día que la llevé al Loro Parque y al Botánico de la Orotava. El resto de los días, solo los hemos pasado juntos.

Yo conocí la inestabilidad laboral. Muchos meses me ayudó, aunque en lo que más me ayudaba era administrándome a mi. Le interesaba a ella también. Su segunda residencia estaba en juego y había que mantenerla. Me quedé estancado en Canarias.

Regresé en julio del 2.009, conociendo el fin de la burbuja inmobiliaria, el aparentar que todo va bien, retomar los estudios, luchar por reflotarme, por fin rendirme y volver a mi ciudad natal, Oviedo, siendo un perdedor.

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En estos últimos 6 meses, por las mañanas asistía a un Módulo Medio de Soldadura, por las tardes acudía a un Cursillo del INEM de Soldadura y por las noches, estaba enfrascado en escribir unas reflexiones que las llamé “la desigualdad intelectual”.

Todo mi pasado volvió a empezar hace unos meses, con una llamada telefónica. Era la Celestina, que siempre presumió del respeto que le tiene mi madre, que cuando yo necesitaba que alguien intermediase con ella, la iba a visitar.

Cuando volví a Asturias, la Celestina pensó que haríamos las paces, pero no iba a ser así. Hacia 8 años, en otra llamada de teléfono, se había inmiscuido mas de la cuenta, dando paso a los miedos de mi madre sobre su famosa Herencia.

Yo nunca he pedido la Legitima, ni en los peores momentos, jamas me hizo falta pedirla. Si hubiera querido, se la hubiera demandado, pero nunca lo hice. Jamás se me ha ocurrido pedirle mi parte de la casa donde vive.

La Celestina comprendió que no íbamos a hacer las paces, que me dijo airada que “mi padre había sido un maltratador”, después de 12 años muerto. Entendí entonces, que papel había jugado en mi vida. La escuché atentamente.

Las dos son muy amigas y las dos deberían de saber el dolor que me causa este tema, que intentó utilizarlo con mi padre, por no retractarse. Esto me resulta muy ilustrativo, a la vez que intuyo su participación en mi trauma.

La Celestina se dio cuenta que había metido la pata, pero lejos de amilanarse, quiso convencerme. Me preguntó “si no había visto los malos tratos en casa”, que me hace dudar, conociendo el carácter inagotable de mi madre.

Se podría decir que quiero justificar a mi padre, que quiero negar la verdad. La verdad es que nunca vi a mi padre pegar a mi madre. Mi madre se relajaba conmigo cuando veía a mi padre desquiciarse, pero dudo que mi madre le tuviese miedo.

Cuando asimilé lo que la Celestina me dijo, le contesté con tanta educación como me tiene acostumbrado, que se me ofendió y me advirtió; “vivir económicamente dependiendo de alguien, es duro”. Con los días su premonición se cumplía.

Jamás pensé que mi madre fuese a seguirla el juego. Sorprendido me quedé cuando comprobé que mi madre era la actriz protagonista. No puedo entender que motivos tiene. No puedo entender que pretende ganar. No la puedo entender.

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Este último mes fue durísimo, nunca había llegado a tanto la cosa, pero yo estaba desenfrenado y mi madre se estaba viendo rebasada. Pero ella tenia un plan en el que dosificaba y daba leña por igual y sin descanso, el plan de la Celestina.

Con sus mismos argumentos, a raíz de un comentario de un vecino, pude comprobar el efecto que le producía a mi madre su propia medicina, viendo en ella, como en un espejo, lo incomodo de su juego.

Nuevamente pude revivir lo que soporté de niño y sus consecuencias, esta vez con 33 años. Ahora no tengo dudas, yo nunca pegué a mi madre. Lo que si hacia era agarrarla cuando le daban aquellos ataques de ira y gritaba como una loca.

Siempre he tenido dudas de haberla soltado algún golpe, que muchas veces, le pregunté pero nunca tuve una contestación. Todos estos años ha sido una angustia, que me ha mantenido en este infierno personal casero.

También he llegado a nuevas conclusiones. Ellas me la tenian guardada, que cuando tuvieron oportunidad quisieron cortarme las alas. Estoy seguro por que podía haber sacado este coraje en Canarias, pero allí no hubiera tenido el efecto que deseaba.

Con este panorama, que no me permitía reflexionar en la conversación de la Celestina, me quise ir de casa, pero claro, yo he nacido para cuidarla hasta que muriese, como mi madre siempre intentó hacer por las Herencias.

Estaba convencido de irme, pero todo se precipitó cuando la batería del coche se descargó durante las nevadas y necesitaba 60 euros para cambiarla. No solo estaba en juego el Cursillo y el Módulo, sino también poder marcharme.

Me tenia en un puño que no me podía dar ni para tabaco, sin discutirlo agriamente durante más de media hora. Así hasta que las últimas semanas, me daba 5 euros, para todo, incluido gasolina.

Ella seguía con su táctica de silencio sobre los rumores de que la pegaba, me negaba que la conversación con la Celestina fuese cierta o del perjuicio de su pensión para poder cobrar la ayuda de Zapatero de 400 euros. Silencio.

Cuando comprendí el verdadero alcance de todo junto, deseaba irme, pero me resultaba imposible marchar sin dinero, además que estaba hundido, sin contar lo anulado que me deja discutir con la ganadora de mi madre.

Fui al Registro de los Juzgados de Oviedo por que no quería llevar su apellido y hubiera aceptado la opción de borrar su nombre como madre. Pero, no está contemplado y no lo pude hacer. A mi madre le dio satisfacción este hecho.

Lo peor vino cuando mi madre hace una semana, con su voz de odio, me dijo que “iba a venir el hijo de la Celestina a darme un par de ostias”, que rompí un cuchillo clavandolo contra los azulejos, que si en ese momento hubiera estado presente, estaría muerto.

En los últimos días he roto todas las fotos que aparecía con mi padre y conmigo, le di las suyas, pero en una de las última discusión se las rompí también y se lo advertí; “nunca me acordaré de tu cara”. Ni se inmutaba aunque se lo repitiese.

Me tenía encauzado para que la cuidase hasta su muerte, muerte que nunca ha llegado. A mi madre se le acababa su maldito chollo y no ha tenido problemas en decidir lo mejor para ella. Antes de perderme, quizás piensa en inmortalizarse.

Mi madre quiere aplicarme el Código Penal y yo lo acepto, con dudas, sin saber donde me meto, pero lo acepto. Nadie podrá negarme que acepté todas las consecuencias de pegarle una bofetada y vivir con ello.

Posiblemente seré un animal por haber pegado a mi madre, pero tengo toda la vida para darme cuanta de mi error, pero ahora sin mi peor enemiga. Toda una vida para sentir pena por mis actos, pero ahora con alguna posibilidad.

Mi vida ha sido la que ha sido. No creo que deba de agradecerle nada a nadie. Vivir así, solo puede servir para que los demás no te entiendan, puedas cometer errores que perduren y que debas de arrepentirte de cosas que hiciste.

Nunca he sido un santo, está claro, pero esta vida se acabó. Ahora empiezo.


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Febrero 2010


 

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