<Domingo, 25 de julio 2010


FIN DEL CASTIGO

Después de estos días que he estado, o expulsado, o excluido, me he sentido muy solo. Mas solo que nunca, teniendo en cuenta la tristeza intrínseca que conlleva la soledad. Esta expulsión ha sido mas dura que las otras expulsiones y la sensación que me deja es diferente. En la primera, el enfado que tenia con la Educadora Iciar me hizo llevadero sus dos días y la segunda, al ser solo de un día, fue hasta motivador descargarles la frustración que me provocan. Pero esta tercera ha sido otro cantar. No siento que me hayan expulsado, siento que me han humillado, no solo por el ridículo motivo por el que no puedo entrar, ni por la forma de como procedieron a ello, tampoco por que el Educador Xosé quisiese criminalizarme ante la Policía, queriendo pintarles su decisión como si hubiera hecho algo ilegal. Todos estos motivos no se me olvidan, pero ha sido lo que la Celestina siempre me quiso inculcar sobre la importancia de tener una rutina y la que tenia, fuese la que fuese, buena o mala, me la han roto como a Gervasio, con la diferencia que lo mio han sido cinco días interminables y lo de él serán seis meses en esta situación de total desamparo.

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En estos meses en la calle, he intentado hacerme con una rutina sana y en estos cinco días esa rutina se ha visto resentida de cierto modo. En nada se puede decir que la Expulsión haya perjudicado dicha rutina, como el hecho de correr en el parque de Moreda. El lunes, cuando me expulsó Xosé después de bañarme, había estado corriendo durante una hora seguida, que la Expulsión me ha venido bien para descansar físicamente. Tampoco me perjudico al día siguiente, cuando me volvió a expulsar Xosé por la tarde, ya que por la mañana fui a Mar de Niebla a llamar a las Ofertas Laborales que apunte en Café y Calor. De esta forma, viviendo en un coche, sin televisión, ni radio que me alegren, dentro de todo el tiempo que tengo libre y el hecho de no tener dinero, esta semana que termina, me la pase deambulando por la ciudad. Visiblemente, no parece que haya sufrido perjuicio alguno, pero me siento como cuando me tomé todo el mes de abril de vacaciones. La sensación, esta vez anímica y no física, me ha hecho que medite el tomarme otras vacaciones, aunque está descartado de antemano que lo haga.


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