<Domingo, 13 de junio 2010


ESTOY EMPEZANDO A ENFADARME

No encuentro mejor titulo para hoy, ni mejor manera de empezar a expresarme. Hoy tampoco han metido a dormir a nadie en mi habitación y estoy con la luz encendida escribiendo. Después de cenar, el Mudo, Fer y yo, subimos al Albergue sentándonos atrás del todo de la Sala de la Televisión. Estábamos echándonos unas risas, cuando llego Nicasio, al que todavía no había visto desde que entré el martes. Entró justo cuando pedía a los de mas delante un cigarro y me lo negaban por que ya me habían invitado a uno. Entra cuando la película estaba a medias. Entraba borracho, con su cara de enfadado y su aptitud de “soy muy peligroso”. Sin miramientos, agarró una silla y se colocó justo delante nuestra, imponiendo su presencia, sentándose a caballito, con el respaldo por delante. El Mudo y Fer se quedaron extrañados con su aptitud, mirando el uno para el otro, mientras yo me hice el loco. La aptitud de Nicasio, era la de un borrachuzo aparentando que no está borracho, pero aunque nos dio la espalda, sus orejas se volvieron hacia nuestra conversación.

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A Nicasio le percibí ganas de estar sentado con lo mas guay que hay ahora mismo en el Albergue, pero por el hecho de no estarlo, se convirtió en que estábamos en su contra. No es que me lo esté imaginando, es que aunque en ningún momento hicimos ningún comentario, ni risas, ni nada por el estilo que pareciesen que fuesen por él, giró la silla y con ello, su culo. Fue a ellos a los que se les quedó mirando como si fuera el mas malo del mundo. Me resulto divertido ver al Mudo mirando para Fernando para que le explicase lo que pasaba y a Fernando, que su hobby es mantenerte la mirada, flipando literalmente de semejante osadía gratuita. Como considero que nada tenga contra Fernando y con el Mudo no creo que tenga problemas, para salir de esta situación ridícula que me resulto evidente que era destinada a mi, me quise alejar del fuego. Me levanté con la excusa de preguntar al Portero, que estaba de pie donde controlar el pasillo viendo la película, si podríamos ver acabar la película y con la misma respuesta de todos los días, le mostré mi fastidio de que no pudiese ser. A Nicasio le dejo de preocupar lo que pasaba detrás suya y volvió a girar su culo hacia delante.

Si hasta el momento Nicasio no había dicho nada, de repente me grito que “estaba hasta los cojones que estuviera todo el día protestando”, como si a él no le molestase no ver el final de una película. Como el que realmente está hasta los cojones de aguantar borrachos fracasados, soy yo, le ignoré y seguí hablando con el Portero. Nicasio seguía gritándome, pero era tal el descaro de su provocación, que se encontró con mi mayor desprecio ignorando sus voces, atendiendo a las explicaciones que Paco me estaba dando. El trato que me dispensó el Portero fue tan correcto, que no puedo dejar de darme cuenta que es el primer Trabajador de los Servicios Sociales que no me ha tratado como a un usuario. Nicasio también fue consciente y lo demostró con un gruñido perceptible por todos. Si tuviera que haber alguna razón para que el borracho me estuviera gritando, considero que el único motivo es la envidia, a pesar de no entender del todo, ¿por que me iba a tener tantísima envidia a mi? Seguí ignorándolo y hablando con el Portero sobre mi parecer de algo como que no te dejen ver el final de la película, cuando Nicasio se levantó y se dirigió directamente hacia mi gritando a lo que daba su garganta.

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No sé ni lo que me dijo, pero si blancos se quedaron el Mudo y Fer, pálidos nos quedamos Paco y yo asistiendo al segundo acto. Antes de que me pudiera dar cuenta, antes de poder evitarlo, me encontré con Nicasio acercándose gritándome hasta que se puso cara a cara conmigo. De repente escuche una voz lejana, “pero, ¿que esta pasando aquí?, que reconocí como la voz de Sor Moris. Esto me hizo recapacitar lo que estaba pensando y sirvió para que me acordase de lo que me había ocurrido con Dani, para estarme quieto y esperar a que la Hija de la Caridad viera la escena. Me quedé esperando, que por un momento me impacienté al ver que no llegaba. Mientras llegó, me salí de mi cuerpo y la situación era; yo pegado a la pared sin poder moverme, un borracho encarado a mi gritando y acusándome simplemente, que estaba hasta los cojones de que siempre estuviera protestando y el Portero intentando pacificar diciéndole a Nicasio, “estás muy mal”. La situación era tan violenta que si Sor Moris no fuese a entrar en la Sala, le hubiera dicho, “y a mi que si no te gusta cual”, pero era tan inminente que permanecí callado esperando. Nicasio escupía balines mientras me gritaba. Asqueado le miré y conseguí que me sonriera.

Llegó Sor Moris, se situó donde nosotros tres y no dijo nada. Se quedó observándonos. Paco se quedó mirando para ella. Nicasio solo me veía a mi y yo a él. El silencio se me convirtió en tedioso hasta que Sor Moris dijo; “pero, ¿que esta pasando aquí?”. ¿Que iba a pasar? Yo pegado a la pared sin poder moverme, un borracho encarado a mi gritando y acusándome, simplemente, que estaba hasta los cojones de que siempre estuviera protestando y el Portero, intentando pacificarlo diciéndole, “estás muy mal”. Como no dudase de que estuviéramos ensayando una obra de teatro, estaba claro. Su Portero, su hombre de confianza, tomó la palabra y contó lo que vio desde que me alejé del fuego; no entendía la reacción de Nicasio mientras estaba hablando conmigo, tampoco sus razones y finalmente dijo la mayor verdad, el evidente estado de embriaguez en el que estaba, junto a la agresividad que mostraba. Al terminar su exposición no pude por menos que respirar aliviado, tras mi experiencia con Ramón, el Portero del Albergue Covadonga cuando me expulsaron. Al final giré mi cabeza hacia Sor Moris, a ver que nos estaba mirando tanto y en silencio.

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Buenamente parecía que esperábamos, pacientemente, la intersección del Espíritu Santo. No me quitó ojo, en lo que consideré como una preocupación por lo que acababa de sufrir, hasta que me preguntó, “¿que le había hecho yo a Nicasio?”, que me dejó patidifuso. Esta vez fui yo el gallego y le pregunté que, “¿que pensaba ella que le había hecho?”, que por menos no pude evitar contestarla, “¿que si no lo estaba viendo?”. Si patidifuso me quedé cuando me preguntó, anonadado me quedé escuchando su respuesta. “A este chico lo conozco desde hace tres años y nunca me ha dado ningún problema”. Conclusión, si con Dani, la culpa fue mía, con Nicasio repetía méritos. Ahora ya no era solo el Portero, el Mudo y Fernando me avalaban, mientras Nicasio me sonreía todavía enfrente mía. Al ver que el jaleo, en vez de disminuir, aumentaba, Sor Moris se cogió el pasillo para marcharse y yo salí detrás de ella. En el ascensor quise que recapacitara que, “si a él lo conocía de hace tres años, a mi no me conocía de nada“. Sor Moris me miró y me sonrió. Me tranquilice hasta que dijo, “no pasa nada”. Odio que me digan eso por que siempre pasa algo. Con ello, Sor Moris se marchó y yo me vine para la habitación. Fin.


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