<Miércoles, 19 de mayo 2010


PROHIBIDO LAVAR ROPA

Esta mañana la Trabajadora Social Silvia me han sancionado a mi con “dos días sin poder lavar ropa”, después de estar desde las 9:00 “en la calle” esperando a que abriesen a las 10:00. Llegué para ser el octavo y para poner mi colada tenia que esperar a que acabase el primero y el segundo turno de lavadoras, con la ropa de los siete primeros que llegaron antes que yo. Debían de ser sobre las 11:30, que al no encontrar a la Trabajadora Social de Lavandería, avisé a sus compañeros que estaban sentados en su mesa, “de que iba a tomar un poco el aire por que estaba mareado”.

No estuve ni dos minutos, después de ver que todos estaban fumando y que nadie me invitase a un cigarrillo, que decidí volver a entrar. Entré de nuevo al Centro, volví a la Lavandería y Silvia me comunicó que “estaba sancionado sin poder lavar ropa hasta el sábado”, que quiso decirme que hasta el lunes no iba a poder lavar ropa en el Centro, por que “había salido a llamarme a la Sala de Lecturas y no me había visto”. Le comenté que “si sus compañeros no la habían avisado de que iba a salir a la calle” y me respondió que “a ella nadie le había dicho nada”. Abrí la puerta y le pregunté a Luis, a Alejandra y a Xosé delante de ella, que no quisieron contestar a mi pregunta, mientras contemplaban a Silvia en acción conmigo o contra mi.

A sabiendas de que nadie más había venido para lavar ropa y que había una lavadora vacía, esperé un poco para aclarar este malentendido, hasta que vi que las tres lavadoras estaban funcionando y en la que debía de haber sido la mía, Silvia había metido las toallas usadas de la duchas para así dar por finiquitado el tema. En la mesa, tan descarados fueron sus compañeros observando mi reacción con expectación, que no quise hacer lo que estaban esperando que hiciese y gruñendo entre dientes, me fui a la Gota de Leche, a preguntarle a su Jefe “que parte de lo que le dije cuando me sancionaron con “un día sin poder bañarme”, no me había entendido.

Marché encendido por la calle Sanz Crespo, en la búsqueda de la comprensión de la Panda del Humedal, pero no estaban en las escaleras de la Casa Sindical. Allí, en sus paredes observé los murales denunciando las atrocidades que se comenten a lo largo del mundo, para comprender que si Antonio no había hecho nada la primera vez, nada haría ahora. La primera vez salí agotado de hablar con Antonio, pero esta vez no le iba a quedar tan buena sensación conmigo. Son ellos los que me tienen que hacer sentir bien a mi y esta vez no iba a ser tan comedido hablándole de sus subordinados. No aguanto más sus tonterías.

Entré en la Gota de Leche más convencido que la primera vez y tras explicarle a la Conserje el motivo de mi comparecencia, llamó por teléfono y me mandó subir al primer piso, a la Sala de Reuniones por que Antonio no debe de tener despacho propio. Subi y al vernos, me saludó y le salude como si fuéramos viejos amigos, pero no estaba el horno para bollos. Le expliqué lo que me acababa de pasar y como no puede ser de otra manera, “tenia que hablar primero con Silvia” y segundo, repetirme como cierta su versión la próxima vez que nos viésemos. Con esta idea le pedí que me repitiese los motivos para haber puesto este tipo de Normas, que creo que utilizó sus estudios de Psicología para abducirme, con lo que esto signifique, por que otra vez me fui sin poder escribir aquí el motivo concreto de lo que me dijo.

Con mis conocimientos labores de operario, le comenté, que si al principio de dos linea rectas hay un desfase entre ellas de un milímetro, a la larga, dicho desfase se convertirá en centímetros y en el caso de estos, ha llegado a ser de kilómetros. Estas Normas, las han ido discutiendo y aprobando en sus Reuniones Profesionales, pagadas con el propio dinero que se nos destina y sin la participación de ningún usuario para poder dar nuestra opinión. A Antonio le hizo gracia mi sentencia. En dichas Reuniones, los intereses del matrimonio se habrán hecho valer, teniendo en cuenta la vanidad de Silvia y ceder a alguno de sus caprichos. Aquí Antonio me preguntó ¿que si yo era adivino? Me quise centrar entonces, en los roces que estoy teniendo con Xosé y cual era su opinión de que su mujer forme parte del trinomio. Aunque Xosé parece poco proclive a los celos y Alejandra no le dé pie a tenerlos, y viceversa, me imagino que en estos 8 años habrá habido más de una incidencia solo por este aspecto. Después estaría, que si a uno “le cae bien este” o “por que a aquel has hecho lo otro”, donde lo que primará, será la paz en su vida doméstica. Para agraciarme con Xosé, le propuse a Antonio “un traslado a otro Centro por incompatibilidad manifiesta”, pero Antonio se dio cuenta de mis verdaderas intenciones y me sonrió. Seguidamente le pregunté su parecer sobre la forma tan autoritaria con la que se relacionan con nosotros, a lo que contestó con el silencio, única respuesta que le podía consentir, al desconocer la respuesta por que no visita el Centro camuflado con gafas de sol y barba postiza.

Con un Jefe como Antonio que habrá considerado todos sus despropósitos, como “reivindicaciones sindicales” y se las consiente o consigue que el Ayuntamiento se las concedan. Lo único que me queda claro, es que para la misión que tienen y lo que hacen, lo único que aquí no se ha tenido en cuenta son nuestros intereses. Tibiamente, Antonio protestó. Durante la entrevista, daba igual lo que le dijese, todo lo que le decía y todo lo que hacen, pretendió hacérmelo pasar por lógico. Me estaba empezando a estresar y Antonio, que se dio cuenta, consiguió algo que muy pocas personas consiguen, relajarme cuando me están perjudicando. Como la ansiedad forma parte de mi, seguí para conocer ¿cuales son sus obligaciones laborales? y así la próxima vez pagarles con la misma moneda e irle a Antonio con el cuento que proceda. Creo que volvió a utilizar sus estudios de Psicología para abducirme, con lo que signifique, por que otra vez no me enteré de su respuesta a mi pregunta.

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Hablando con Antonio, empece a comprender la propia problemática que le planteaba al conocer el cargo que ostenta, nada más y nada menos que Coordinador de Drogodependencias, de la Concejalía de Bienestar Social y Participación Ciudadana, del Excelentísimo Ayuntamiento de Gijón. Debo de reconocer que me indigné al escuchar su cargo y que yo dependa de sus trabajadores especializados, que resulta que no son Trabajadores Sociales, como les llaman los otros transeúntes, si no que son Animadores Socio-culturales, que parece ser que le resta importancia, para incomprensiblemente tener tanta autoridad. Me resultó tan indignante ser ahora un “drogadicto”, que hasta Antonio creo que me comprendió, pero claro, en un principio para alguien sin adicciones como yo, debería de estar en los programas de Integración Social del Albergue Covadonga, “si no me hubieran expulsado”.

Se me pasó la indignación y dio paso a la extrañeza cuando allí no animan en nada. Mi extrañeza, dio paso a su explicación, primera respuesta nítida que me ha dado desde que lo conozco hasta el momento, para explicarme como un matrimonio han conseguido dos plazas de Empleo Público, de tres posibles. La explicación consiste en que “cuando sacaron las plazas a Concurso, está era una Titulación nueva, tenia mucha demanda y tuvieron suerte”. Tanta suerte que “han conseguido la estabilidad laboral que todos ansiamos”, como él me dijo la última vez.

La forma como se me está relacionando Xosé, es da una falsa seguridad en si mismo, debido a momentos iguales como los que ha teniendo hoy Silvia conmigo. A mi no se me columpiarían así, si no fuera por su status profesional y mi situación personal. A Xosé se lo haría pasar mal en una situación de igualdad, si se le ocurriese hacer lo que me está haciendo. Me estoy sorprendiendo a mi mismo de que esté siendo tan comedido, imaginándome todas las consecuencias que podría tener si hiciese algo, desde la expulsión, hasta como me quedaría escrito en caso de ser Denunciado o como acabaría redactado en un Procedimiento Judicial. Mi madre y un Trabajador Social, lo primero es imperdonable, lo segundo es punible.

En ese momento entendí el cartel de ENTREGA DE SANIKITS Y RECOGIDA DE JERINGUILLAS, visible para los viandantes entre el cristal de la puerta y la persiana que oculta el interior, comprendiendo también que a la entrada se mencione taxativamente a la Conserjería de Sanidad del Principado, en el medio metro cuadrado de placa publicitaria. Aprovechando que estaba con el Coordinador de Drogodependencias, no me dio tiempo de pensarlo cuando le sugerí que “retirase el cartel descolorido por nuestra dignidad”, a lo que quedó sorprendido. Sorprendido, pero no me dijo nada, reconociéndome por tanto cierta falta de discreción.

Llegados a este momento, me di cuenta que la conversación nada tenia que ver con la conducta de Silvia y parecía más que le agradaban oírme mis argumentos. Quise que su Jefe me volviera a explicar lo de Silvia y ahora su respuesta fue clara. Su respuesta se centró en que “él no era su “jefe” y que todos eran compañeros”, respuesta que me hizo volver a estresar, pero esta vez Antonio no quiso tranquilizarme, esta vez tenía que aceptarle este hecho. Mi interés por que me aclarase mis dudas, se entrecortaba con su interés contestándole a sus inquietudes, que tuve la sensación que pretendía que fuera un traidor a nuestros intereses, simplemente por que yo debía de sentir la deferencia que ha tenido conmigo en nuestras dos entrevistas, aunque haya salido con las manos vacías. En la búsqueda de que me diera soluciones, yo continúe repitiéndole, de vez en cuando, “tú eres su Jefe y ellos son tus subordinados”.

Le saqué el tema de la expulsión de Gervasio y con la cara que me puso, me comentó los “insultos y amenazas”, ademas de que parece ser que cuando le cerraron la puerta en las narices de Gervasio, “clavó una tijeras en el timbre y esas cosas no se pueden consentir”. Viendo mi mala predisposición hablando en positivo, Antonio empezó a dar por finalizada nuestra entrevista y hablando un poco más sobre “la situación de las obras del nuevo Albergue que alojara al nuevo Café y Calor”, nos despedimos cordialmente.

Cuando me fui, tuve la amarga sensación de que le había estado haciendo su trabajo. Casi podría decir que me fui con la sensación de haber sido manipulado y que era yo quien le respondí sus dudas, más que él me fuese a solucionar mis problemas. Mi propósito de que en la próxima Reunión Profesional de los miércoles, se puedan sentir avergonzados, mejor o peor, lo he llevado a cabo. Al salir de la Concejalía, comprobé que el trato que Antonio me ha dispensado las dos veces, me sube la autoestima, después que sus subordinados me la bajasen y esta sensación se la agradezco mucho, pese a que sea parte de sus funciones, que doy fe que Antonio las sabe realizar.

Al cruzar la calle que separa la Gota de Leche de la plaza del Humedal, vi sentados al “Portu” y al “Cordobés” haciendo las particiones del liquido que les embriaga y me senté con ellos, satisfecho, contento, extrañamente feliz.


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