<Martes, 4 de mayo 2010

EL ALBERGUE NOCTURNO

Tal cual como entré, salgo otra vez del Albergue Municipal de Oviedo después de estar cinco días dentro. Con la mayor naturalidad, sin que esta vez me desilusione, vuelvo a recoger mis cosas y me voy sin haber recibido ninguna clase de ayuda en la ciudad donde estoy empadronado, de donde soy. Como había pensado, si la primera vez que me vi “en la calle” no me dieron cuartel, era tontería haber vuelto al mes y a los dos meses me queda demostrado. No comprendo sus motivos y me voy pensado, que solo volvería para usarlo como lo usan los carrilanos, a sabiendas de que esto funciona como una Pensión completa gratuita. Cuando salí del Albergue cerré la puerta de un portazo.

El trayecto a Gijón se me hizo corto, llegué y aparqué en el mismo sitio de donde marché. Eran las 12:00 y fui a la Oficina de Información al Transeúnte para saber si seria hoy, que podría conocer el Albergue nocturno de la Cocina Económica. En la avenida Constitución esperaban cuatro personas, que como quería conocer si podría empatar de un Albergue a otro, decidí esperar y esperé más de una hora. El tercero era un carrilano que vende pulseras de cuero en la calle, que en la conversación tan distendida que oímos detrás del tabique divisorio, parece ser que son de la predilección de la Trabajadora Social Mónica, donde le contaba sus aventuras entre las risas de ella. Estos “artesanos” van de sobraos y aunque tenemos que compartirlo todo con ellos, ellos desprecian a los transeúntes, como si fuéramos administrativamente diferentes a ellos y como si su forma de vida fuera más romántica que la nuestra. En Café y Calor entran después de buscarse la vida, con tabaco, porros, alcohol o les que les guste y se sienten ofendidos si les pides alguna cosa. Cuando el carrilano terminó de contar sus aventuras en plan ñoño y salió del privado, nos miró hinchado a los que esperábamos por tener tan buena relación con la Trabajadora Social. Entró el siguiente, que cuando terminó de ser atendido secamente, entré yo. Relajado, le di los “buenos días” y le pedí el Vale de cama, sin que me diera tiempo de decirle “que no quería ir al Albergue Covadonga”, por que me interrumpió, para decirme que “me lo iba a dar para el Albergue de la Cocina Económica por que en el Albergue Covadonga no me quieren”. Con paciencia, esperé que escribiera mis datos y me fui dándole las “gracias”.

Por la tarde estuve en Café y Calor, donde tuve la suerte de encontrarme a Saturnino y Aquilino, que ya lo considero como una enciclopedia de lo social con patas. Aunque ya me habían contado como iba la cosa, Aquilino me lo explicó unas horas antes de entrar, a sabiendas que lo que dice Aquilino va a Misa. Cuando llegase al puesto de Control debía advertir a Pepón de que tenia un Vale de cama, miraría la fecha para marcarla en el cuadrante con mi nombre, me daría el papelito para el Voluntario y subiría a cenar. Después de que cenase, ya podría subir al Albergue nocturno del tercer piso y allí esperaría a que llegase sor Moris, cuando ella terminase de servir la cena. Cuando llegase, me pediría el Vale y ella me diría cual seria mi habitación, que las hay de dos, tres y cuatro camas. A sabiendas de mi expulsión, para tranquilizarme, Aquilino me repitió varias veces que “en la Cocina Económica no son tan estrictos como en el Albergue Covadonga” y con esta frase, se despidió para irse con Saturnino a tomar unos vinos.

Cerró Café y Calor y me fui a dar una vuelta hasta que fuera la hora de cenar. Pasear me estresó y me fui a la cola a percibir el ambiente que había antes de entrar, que en la calle todavía se hablaba de que “el Real Madrid había perdido en casa contra el Zaragoza”. Abrieron la puerta y cuando llegué al puesto de Control, le di a Pepón el Vale para que me apuntara la fecha en el cuadrante de mi nombre y me dio el papelito para posarlo en la cestita. Cuando acabé de cenar, subí al Albergue por el ascensor al tercer piso, comprobando que la caja de escaleras divide en dos alas las habitaciones. De frente encontré una galería llena de ventanas que dan a la calle Mieres y al final una puerta de emergencia. De la puerta de emergencia para adelante, el pasillo serpentea con las puertas de las habitaciones a los lados y se acaba en un baño. Como no había nadie, volví hasta la caja de escaleras y giré a la izquierda, abrí otra puerta de emergencia y encontré un pasillo que se ensanchaba, con una columna enorme en medio y sofás a los lados. El pasillo asemejaba ser una fiesta, con tantos que habían subido después de haber apurado hasta el final la botella. La media de edad rondaba los cincuenta, todos están curtidos o demacrados. Estaban esperando a sor Moris en la puerta de su despacho, que de frente tiene un baño mucho más grande que el de la otra ala. El pasillo continuaba para adelante hasta la sala de la televisión y la habitación más cercana me dijeron que era la del Portero, que duerme con nosotros y es quien nos despertará a las 8:00.

Cuando se terminó el horario del Comedor Social, subió Pepón después de cerrar la puerta de la calle, siendo recibido por todos con muchas frases hechas y gracias recurrentes. Mientras Pepón daba consejos a los problemas administrativos más diversos, llegó sor Moris y en su entrada hacia su Despacho, recibió más frases hechas y gracias recurrentes, solucionando todos los problemas administrativos mandando a quienes los tuviesen para la cama y a los demás invitándonos a que fuéramos a ver la televisión. Nos indicó cual era nuestra cama a los tres que entrabamos nuevos hoy y se despidió sin más. Cuando quedamos solos, cada cual se quedo a discreción y aproveché para disfrutar del baño que tiene unas magnificas duchas, como tienen que tener unos baños públicos. Bien azulejado, con azulejos sencillos pero de 1ª calidad, puertas amplias, con unos wateres propios de unos Juzgados, un buen mármol negro en los lavabos y unas duchas espaciosas con facilidades para las personas con movilidad reducida, no como en Café y Calor, donde les facilitan una silla robada de la terraza de algún Bar. Me di una ducha con un caudal adecuado y con una griferia que permitía su perfecta graduación, que fue todo un lujazo. Me tocó en una habitación de tres camas, que todas tienen somieres nuevos, las sabanas blancas y unas mantas grises, resistentes y económicas.

Compruebo que salir o entrar en un Albergue me agota y me voy a dormir.


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+Miércoles, 5 de mayo 2010

CASTIGAN LA SOLIDARIDAD

Luis, el Vigilante de Seguridad EULEN, hace más difícil a los transeúntes vivir en la circunstancias en las que vivimos, debido a su forma de entender su “trabajo”, en un Centro de día dependiente de los Servicios Sociales. Desde que frecuento Café y Calor, he estado viendo la peculiar forma en la que realiza “responsabilidad” y el despropósito con el que realiza su “sus funciones”, en un local habilitado como reza el nombre del Centro, para proporcionarnos “acogida”. No solo será irracional que lo es, sino que promueve los roces y se originan conflictos entre los transeúntes en el exterior, que terminan con la intervención de la Policía, mientras él se mantiene ajeno en el interior. La seguridad en estos tiempos es algo crucial, y si yo fuese él, tampoco me querría coger los dedos como hace Luis, aunque sin dudas yo no desempeñaría la “responsabilidad” de “sus funciones” como él las hace.

El motivo de esta reflexión, surge inicialmente en el control que ejerce al abrir el Centro a las 10:00 y a las 16:00, que siempre habremos más de veinte transeúntes esperando a que abran el Centro de día. Primero, la Trabajadora Social que le toque estar ese día en la Lavandería, se asoma para apuntar en un folio a quienes queramos lavar la ropa, con Luis detrás de ella “por su seguridad”. Cuando la Trabajadora Social termina de apuntarnos, Luis solo nos entreabre la puerta produciendo un embudo, que crea discusiones y más de una magulladura entre los veinte indigentes que quieren entrar, con un Luis sorprendido ante nuestra desesperación queriendo entrar. Es contraproducente para nosotros esta supuesta “profesionalidad” de no querer dejar la puerta abierta y apartándose para que tuviéramos espacio suficiente para poder entrar, sin tener que entrar de lado, apelotonados y empujándonos. Me resulta triste ver la desesperación queriendo entrar de algunos, a otros le causa enfado ver a los más desesperados empujando para ser de los primeros en poder sacar un café, aunque a la Trabajadora Social Alejandra no le puede evitar hacerle gracia, cuando ve a alguno chocar estrepitosamente contra la puerta.

Lo mismo se repite cuando hay 42 personas y el Centro ha alcanzado su capacidad máxima, que a Luis le produce satisfacción ejercer su responsabilidad por que “es su trabajo”. La ridícula situación que me crea su peculiar forma de trabajar, es que tú duermes “en la calle”, acudes al Centro de día a tomarte una bebida caliente y picas a la puerta. Esperas a que te abra la puerta, mientras observas entre los estores del cristal de la puerta como termina de hablar lo que esté hablando con los Trabajadores Sociales en su mesa, antes de levantarse a abrirte. Esperas viéndole caminar despacio los dos metros que separan su silla de la puerta. Esperas mientras pasan viandantes que se quedan mirando el Cartel exterior de medio metro, donde se da a entender quienes frecuentamos el Centro y después se te quedan mirando detenidamente a ti. Te abre la puerta e inconscientemente quieres entrar, pero Luis solo la entreabre, poniendo el pie para evitar que puedas abrirla e interponiéndose en medio, produciendo que impulsivamente te des de morros contra ella. Él ya sabe que chocamos contra la puerta y tú ya sabes que el Centro debe de estar lleno, pero aún así te pregunta “¿que quieres?” Tú le contestas que “quieres entrar”, él te comunica que “no puedes”, para después informarte que “el Centro está lleno” y terminar preguntándote “¿que si te quieres apuntar para entrar?”. Tú te quedas como un idiota mirando para él y le contestas que “si gracias”, entonces él, que “tiene mala memoria y somos muchos los que acudimos al Centro”, te pregunta “¿cual es tu nombre?”, tú se le dices y él lo apunta en una tirita de papel, mientras los viandantes que te siguen mirando, ven la cara de bobo que se te queda y Luis te cierra la puerta delante de tu cara. Luis, aunque “tiene mala memoria y somos muchos los que acudimos al Centro”, cuando sale algún usuario sabe quien es el siguiente que le toca entrar.

En este punto, me quiero ceñir a los “pobres” que cuando terminan de hacer su propósito dentro del Centro, salen “a la calle” para que el resto de transeúntes que estén afuera esperando, puedan también entrar a realizar el propósito que les motivo a allegarse hasta donde se ubica el Centro. A mi, el Centro me queda cerca de donde tengo el coche aparcado, pero otros vienen después de media hora caminando, que llegan agotados cuando vienen cargados y cuando llegan, se encuentran con que el Centro “está lleno”. Este es un ejemplo de solidaridad que diariamente sucede, mientras los Trabajadores Sociales desprecian este gesto. Digo desprecian por que yo nunca me cansaría de escuchar el noble motivo que les impulsa a hacerlo, cuando un “pobre” me explicase el motivo por el que sale fuera del Centro y que a Venancio, el amigo de Ordoño, le provocó hoy un sentimiento de incomprensión por realizarlo. A esto se sumó hoy conocer la nueva Norma de Luis.

El motivo de amenazar hoy con llamar a la Policía, fue que Venancio salió del Centro para “dejar entrar a desayunar a uno de los que esperaban en la calle”. Una vez afuera, Venancio se dio cuenta que se había dejado el teléfono móvil cargando adentro y quiso entrar para cogerlo. Picó a la puerta y Luis no solo no lo dejó pasar a recogerlo, si no que tampoco quiso recogérselo, ni tampoco “avisar a Ordoño que estaba en la Lavandería” por que “está prohibido dar avisos del exterior al interior”. Venancio intentó que comprendiese y que el Vigilante le permitiese entrar, pero Luis lo estuvo debatiendo hasta que le permitió cerrarle la puerta. Fuera solo estábamos Venancio y yo, que salí con él por acompañarle a fumar. Venancio estuvo frustrado esperando “en la calle” a que saliese un usuario, mirando como un psicópata por los estores del cristal para evitar que se lo robasen. Llegó su turno y Luis entreabrió la puerta ocupando el espacio, para seguir debatiéndolo hasta que Venancio le entendió su Norma. Terminado su “trabajo”, Luis se sentó visiblemente enfadado, mientras sus colegas se rieron por lo cómico de la desesperación de Venancio. Cuando salió Ordoño de la Lavandería y vio a su amigo tan nervioso, me preguntó y le comenté lo que había pasado. Ordoño tampoco entendía que “no le hubiesen avisado” y que Venancio se hubiera estresado tanto.

Los comentarios de Luis ante un imprevisto como este, haría sentir ridículo a cualquiera, ante la necesidad de entrar. Su cara de una sorpresa desmesurada que no le aburre, para escuchar con el veredicto en la boca y su seguridad en que los Trabajadores Sociales le respaldarán si termina diciendote, “no se puede, son las Normas”. Trabajadores Sociales que si cansases al Vigilante, disfrutarían si se requiriera su presencia, para que alguno de ellos salga a que asumas su autoridad, con riesgo de prohibirte la entrada, lavar la ropa, bañarte o desayunar, tras recordarte que, “ya te lo explicaron en el Despacho, el primer día que entraste”. La peor aptitud es la de Xosé, que le divierte, mientras Alejandra y Silvia intervienen más femeninamente, con aires de mujeres universitarias que trabajan fuera de casa, y se quieren equiparar a los malos hábitos del macho del gallinero. Resulta vergonzosos verlos sentarse riéndose, sin hacer comentarios que podamos escuchar, pero viendo que tienen una dinámica cobarde que no realizarían con personas ajenas al Trabajo Social. Un aplauso para los buenos de esta película.


<Jueves, 6 de mayo 2010

LAS NORMAS

En estos cinco días descansando en Oviedo, he tenido oportunidad de pensar en mi Sanción “de no poder bañarme”. No tuve mucho que pensar, pasó sin más, pero he estado confeccionando una lista de todas las razones por las que he visto a los Trabajadores Sociales levantarse de su mesa para llamar la atención y recapacitando en ello. En Café y Calor hay muchas tonterías que se han plasmado como Normas y Prohibiciones, que sin excepción, se hacen cumplir con muchísima educación, pero sin titubeos. Todas sus Normas y supuestos, se ven en el mismo momento que entras en el Centro, a pesar, que hay un empleado dedicado a explicárnoslas en nuestra primera visita. No obstante, en la columna enfrente de la puerta, están enmarcadas las Normas de la Sala de Lecturas, dentro de la Sala de fumadores están colgadas las Normas del fumadero, las Normas del Patio se ven que están plastíficadas en los muros, y por último, las Normas de la Lavandería y todos sus supuestos, que están en la entrada, al lado de la mesa de los Trabajadores Sociales, para en caso de solicitar cualquier necesidad extraordinaria, levantarse y señalarte con el dedo el correcto funcionamiento.

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Ademas de la Norma sobre el Ruido, otras Normas de Café y Calor que ya he visto como han advertido a otros transeúntes sobre la irregularidad que están perpetrando y que han supuesto más de un disgusto, que perdiesen la autoestima o ser expulsados, son;

Una, no puedes olvidar objetos en el interior cuando se cierra el local, tanto al mediodía como a la noche, por que lo tiran literalmente a la calle. Dos, no puedes dar dinero en el interior, ya que te expulsarían tres días, pero tampoco pueden verte contando dinero, motivo de expulsión un día. Tres, nosotros no podemos hablar por el móvil en la Sala de Lecturas, salvo “muy bajito”. En estos casos nos recomiendan la Sala de fumadores para “no molestar a quienes duerman”, si aun no despertaron con el ring-ring. Cuatro, no puedes realizar llamadas de ninguna índole por el teléfono del Centro. Cinco, no puedes recibir llamadas en el teléfono del Centro. Seis, me llama mucho la atención leer la tipificación sobre la Agresión y el Insulto. A un usuario es “leve” y a un Trabajador o Visita es considerada “muy grave”. Siete, los empleados no colocan sillas, por tanto si mueves una para sentarte en otra mesa, no se trata del civismo de colocarla de nuevo donde estaba, es que ellos no las colocan y esperaran a que te acerques a la salida, para mandarte que “des la vuelta y la coloques en su sitio, como te la has encontrado”. Si no la colocases y te fueras sin que te vieran, se la dejan para que la coloque la señora de la limpieza que limpia por la noche. No tengo dudas de que habrá muchas más Normas que aún desconozco y que siempre serán, o por “nuestro bien”, o “nuestra seguridad”.

En la Sala de Lavandería no hay Normas como tal, solo el correcto funcionamiento, ya que al depender de ellos para todo lo básico, son ellos quienes te lo autorizarán o “no”. Aun así; no puedes salir a la calle con el chándal que te prestan mientras lavas tu ropa, no puedes hablar por la ventana con quienes esperan fuera a poder entrar, no puedes mantener la puerta abierta de la Lavandería por el ruido de las lavadoras, “más del tiempo que el necesario para salir”. Ademas de cualquier otra Norma que decidan siempre por “nuestro bien” o “nuestra seguridad”.

Las Normas de la Sala de Fumadores son: prohibido estar en cuclillas, motivo mas habitual para que se levanten a llamar la atención en el fumadero. El motivo oficial de esta Norma en particular, es evitar “trapiches” entre algunos que han estado en la Cárcel y no hayan aprendido todavía. Prohibido estar hablando sin fumar. Prohibido entrar con un café. Y cualquier otra Norma que siempre son por “nuestro bien” o “nuestra seguridad”.

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En la esquina de la Sala principal están los Trabajadores Sociales sentados, vigilándonos. Si en algún momento consideran oportuno ver que estás haciendo, si tienen dudas y no te ven, si llevan un rato clavándote la mirada, si han estado un rato intentando comprenderte y todavía no lo han entendido, se levantarán, se acercarán sin perder la sonrisa y estarán encima tuya hasta que lo comprendas. Si no lo entendieron, “serás sancionado”. Si les contradijeses, “avisarán a la Policía”. Las consecuencias de su conducta las sufrimos nosotros, si además de ser el Colectivo de Riesgo de Exclusión Social, tenemos el premio de los Antecedentes Policiales que están originándose por unas chorradas, de las que estoy siendo testigo diario. Esto puede explicar cual es la convivencia trabajador-usuario, insoportable, que algunos indigentes, además de Julio, me han dicho que “no quieren pasarse por donde están estos cabrones, que solo saben tocar los cojones”, que realmente hace que estén mas excluidos.

Toda su labor contractual se desarrolla en una esquina, donde están todos ellos sentados hablando de sus cosas y jamás se levantan si no es para llamarnos la atención. Si quisieses solicitarles algo, debes de acercarte a su mesa, averiguar cual es el Trabajador Social de Sala, solicitarlo mientras todos ellos te escuchan y acompañarle obligatoriamente al Despacho para que te lo entreguen. No es broma, hasta que no vayas hasta el Despacho, ellos no se asomaran a la puerta a entregartelo para que no entres al interior. La solemnidad de entregarlo, como si te dieran algo Profesional, me hace gracia, pero mas gracia me hacen los usuarios agradeciéndoselo sinceramente, como si les hubieran dado la vida.

El hecho que yo mismo me considere una persona razonable que se cumplir las Normas, me sirve para exponer que en varias ocasiones intentando dialogar con ellos, ha servido para que la tercera frase fuera para decirme “que bajase la voz”, que da por terminada la conversación, a pesar que algunas veces ellos me han levantado la voz más de lo que a mí me haya supuesto la reprimenda. Mis dudas a los Trabajadores Sociales sobre la infinidad de Normas que tienen en el Centro, está justificada en que cuando “ellos cuando van a un Centro acatan las Normas del Centro al que acuden”, pero no han querido contestarme cual, “en su vida privadísima”, es el Centro en el que acatan tantas Normas como nosotros. Tengo hasta dudas incluso que superemos el Reglamento Penitenciario. Como llevarán tan bien esas Normas, si cuando les pregunto o les respondo con dobleces, les haga tanta gracia como a mi que me llamen la atención, como hoy, que el Trabajador Social Xosé, cuando me marchaba a la Oficina de Información de Transeúnte a renovar el Vale de comida, me ordenó, “que colocase mi silla donde la cogí”, sonriéndome, con el dedo, sentado, ¿donde lo habrán visto?


<Sábado, 8 de mayo 2010

UN POQUITO DE MUSIQUITA

Voz en off – Doy paso a EXTREMODURO y su álbum Agila al completo, que creo que es muy adecuado e idóneo para lo que quiero explicar.

“Las personas que intenten encontrar un motivo en esta musiquita, serán perseguidas. Aquellas que intenten hallar una moraleja, serán desterradas. Y las que traten de encontrar un argumento, serán fusiladas”

(Gracias Mark Twain, tú siempre tan oportuno)

En caso de que el enlace esté roto, pincha aquí… https://www.youtube.com/watch?v=aRA0YlsbDm0


<Domingo, 9 de mayo 2010

LAS MONJAS Y YO

No puedo negar que tenía curiosidad por los Conventos de las monjitas, en este caso, una Cocina Económica y Albergue nocturno de Hijas de la Caridad de san Vicente de Paúl. Lo veo como una nueva experiencia única dentro de mi nueva vida y una ocasión irrepetible. A las Franciscanas, pese a todo lo ocurrido y sin mezclarlo, aunque quise haberme relacionado un poco más con ellas, apenas las vi.

Las Hijas de la Caridad son otro cantar, les gusta estar siempre delante y que les hablemos. Son ocho monjitas; sor Marisela, que es la Directora, sor Franca, sor Carmen, sor Moris, sor Trinidad, sor Beatriz, sor Sofía y últimamente me he enterado que Reyes, aunque sea tan joven y que contraste con la media de 55 años de la Comunidad, es ya sor Reyes. A sor Franca no le gusta que use el termino “monjitas” y tras decírmelo en serio, puedo entenderla. “Monjitas” es un termino cariñoso, termina en -ita, pero también da a entender cierta inseguridad de falsedad entre quienes no frecuentamos lo Sagrado y entendemos el porqué de su determinación. “Prefiere que la llame Hija de la Caridad por que ella no se hizo monjita”.

Toda la Comunidad del 5º piso, del nº 17, de la calle Mieres, ya he comprobado en mis carnes que tienen la mala uva propia de las mosquitas muertas, ni lo niego, ni ningún fariseo me lo puede negar por muy bien que les venga pertenecer a su club, dentro de los falsos que se les arriman por su interés, a un planteamiento humano, intemporal, inmaterial y universal. Joder con la monjitas, pero no hallo ningún pecado en ellas.

En este domicilio, han debido morir monjitas por docenas, desde que en 1.905 la inaugurase Jesús Menéndez Acebal, alcalde por aquel entonces de la ciudad, manteniéndose con la filosofía inicial, esa que dio de comer a todos aquellos gijoneses que la ciudad y esas nuevas filosofías que ya echaban a andar, dejaban de lado, aunque solo fuese por que eran un lastre para ellos o sus ideales. Durante la guerra civil fueron expulsadas y después fue Comedor de Beneficencia del Estado, y posteriormente Comedor de Auxilio Social. Dada la edad que tienen, vivieron el franquismo y con ello el respaldo total de la sociedad a su decisión, a la vez que conformaron parte de la dictadura, desde 1952 que existe el Albergue nocturno.

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Las he observado. No dejan de ser mujeres. Se dice que viven en otra época, pero ahora viendo como ha cambiado el mundo, resulta ridículo decírselo a quienes viven igual que siempre. Ellas se regirán por vete tú a saber que Reglas, dentro de la filosofía de san Vicente de Paúl, la Biblia, la doctrina de la Conferencia Episcopal y el Vaticano. A partir de aquí, imagino que viven como vivieron otras muchas monjitas a lo largo de los siglos, con las mejoras actuales que facilitaran su misión Evangélica, tanto como para comunicarse, coordinarse, ir temporalmente de Misiones, como para visitar Santos lugares donde conocerán gente que sí entienden el porque de su determinación, como Fátima, Lourdes, Jerusalén o Roma. Cuando estas reuniones multitudinarias han salido en los Telediarios, es increíble ver a las monjitas transmitiendo su fuerte Fe y el mensaje de Cristo al mundo. Ellas son humanas, más mitificas que mundanas, a su rollo, defendiendo sus ideales con su labor, más que con simples palabras.

Ellas son Católicas y todo lo que quiera decir negativo de ellas por este hecho, es secundario. Todos conocemos como funciona la Iglesia católica, aunque algunas veces sea erróneo y en otras ocasiones sean estereotipos o brutales generalizaciones. Tampoco aquí tendría sitio para escribir todas las distintas degeneraciones, que en todos los grados, los españoles con sotanas han realizado y realizan, con la palabra Cristo entre sus dientes.

Los tiempos han cambiado para la Iglesia que ha perdido aquel poder ostentoso que tenían, pero una cosa es obvia, sus religiosos forman parte del gentilicio que a lo largo de los siglos, consolidan la historia de la que tan orgullosos nos sentimos en las distintas naciones que conforman la nación llamada España, aunque ahora se esté replanteando ese pasado. De la misma manera que pocos apellidos habrá que no conformen parte de la historia de la Iglesia. También que fue la única salida de muchas mujeres para escapar del patriarcado, los matrimonios, no querer tener hijos y sería escondite de lesbianas.

Todas tienen las ideas claras, tendrán sus dudas, tienen sus días más alegres y más tristes, pero teniendo la seguridad de que “esto es lo que quieren para sus vidas”. Entiendo que aquí, salvo quizás la joven Sor Reyes, todas son perpetuas. Cada una tienen su percepción de lo Sagrado, dentro de tener todo lo divino consensuado, aceptado y aprendido.

Su concepto de vida supongo que es el camino a morir sabiendo que vivirán juntas, que las más sanas enterrarán y rezarán por las enfermas, hasta que las sanas acaben enfermas. Ya llevan años conviviendo juntas, unas vinieron primero, otras más tarde. La Oración les debe resultar fácil, es incomprensible no pensar así. Me he percatado que la vida contemplativa causa cierta abstracción, llamémoslo ensimismamiento o caraja, en el que las monjitas tardan en coger señal en tierra, igual que me pasaba a mi tras horas viendo la televisión en casa, otra clase de religión. Vivirán las Eucaristías como sus momentos especiales, un momento donde proclamar a Gijón que están y son.

Una cosa a destacar del trato que dispensamos los mendigos a las monjitas, que no dejamos de ser una pequeña parte de la sociedad, es el constante chantaje que hacemos a sus Vocaciones. Como si no fuera poco estar en la última linea, donde por debajo ya no hay nada. La coherencia con sus ideas, es igual a la coherencia de otras filosofías tan bonitas como la Católica, que en estos años de Democracia, en ninguna lado han dejado un legado a donde ahora yo pueda recurrir, salvo si se ha realizado contando con dinero público y ni así queda, en el momento que los impulsores mueren. Comparativamente, los religiosos son el colectivo de personas más comprometida con la causa, que cada cual considere oportuna. Las Cocinas Económicas están hechas por la labor de las Beatas que la gente tiende a reírse de ellas y su forma de vida. Su coherencia es mayor que la mía que no puedo criticarlas por no llegar a donde estaban mis expectativas con ellas.

Este escrito me ha inspirado y por la tarde he ido a la Iglesia de San Lorenzo y me senté a observar mi interior. Contemplando la Iglesia, me di cuenta que me senté debajo de la vidriera de san Pablo y lo considero un mal presagio. A san Pablo, yo lo considero solo como un judío traidor y un infiltrado del Sanedrín en la Iglesia del Cristo.


<Lunes, 10 de mayo 2010

ME QUEJO

El Trabajador Social Xosé me saca de quicio. Es tan incompetente como autoritario. Cualquier anomalía que le comento, por que resulta que él trabaja en este Centro de día, me quiere despachar airosamente. Esta mañana cuando terminé de ducharme, resbalé, que casi me abro la cabeza contra el lavabo. Le indiqué que “el agua de las duchas desbordaba el desagüe y que alguien podría matarse”. Pues no va el tío y me contestó que “si no estoy de acuerdo que escribiese una queja en el Buzón de Sugerencias”, señalándomelo con el dedo. Me lo dijo por que nadie se la pone y por ese motivo se la puse, después de despachármelo sin que tuviera motivo para decirme, “por favor, puedes bajar el tono de voz, gracias”, aunque me lo dijo, del corte que le metí delante de todos los usuarios que estaban en la Lavandería.

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Para tranquilizarme, después de haberme pasado toda la semana ojeado las revistas y que en los periódicos de hoy no trajese nada nuevo, me senté en la Sala de Lectura y le eché un vistazo a las revistas especializadas en Trabajo Social que hay encima del revistero. Ha sido de lo más instructivo y me indignó más. Leyéndolas, no pude evitar acordarme de la cocinera del Albergue de Avilés, cuando utilizó el “ellos” estando delante de nosotros. Pese a que lo que más une a todos los transeúntes son todas las Instituciones que han recorrido, no he visto a ninguno leerlas, ni para comentar las fotos de las instalaciones donde se habrán pasado meses viviendo.

Su contenido son elogios a las ONG´s sobre la labor humanitaria que realizan, entrevistas a Trabajadores Sociales, artículos sobre el incumplimiento de la Ley de Dependencia, fichas técnicas sobre el trabajo que se realizan en los distintos Centros, demandas de mejores instalaciones y contratación de más Titulados, reportajes sobre los tratamientos de distintas adicciones y así hasta rellenar las 60 páginas que contiene cada una de ellas. Doy por hecho que todas la Entidades que se mencionan están subvencionadas públicamente, aunque este aspecto no lo aborda con cuanto es lo que percibe cada una. Eso si, recalcan los números de cuenta bancaria de todas ellas para que puedas hacerles un donativo, regado con gráficos de estadísticas y una interpretación de las mismas de lo más simple. Los dos términos que más se repiten son “especialización” y “profesional”, pero viviendo esta experiencia, no entiendo estas palabras. Según mi interpretación, la “especialización” es subdividir a la sociedad en colectivos que representen a los individuos, pese a que su fin es exactamente el contrario, la “integración”, Sobre su “profesionalidad” en una jornada laboral, la excusa para brindar el sector a Titulados Universitarios, como Xosé.

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Hoy creo que si nos juntan a todos los transeúntes en lugares cerrados con horarios estrictos, esperando una perfecta corrección, no se les puede pedir menos a todos los “Profesionales de lo Social”. Cualquiera persona con un poco de empatía, se podría imaginar tener que juntar “en la calle”, a drogadictos con depresivos, mayores de 60 años con inmigrantes, enfermos mentales con borrachos, personas con retraso con necios y todos esperando a que abran la puerta dentro de la vida familiar concertada de los Trabajadores Sociales, cuando todos nosotros hemos dormido en la calle. A nosotros nos lo exigen y no nos pagan por ser Terapeutas, aunque la realidad es que estamos en la linea de trabajo de “ayuda mutua” o “ayuda entre nosotros” o “ayuda no profesional” o como la quisiesen llamar, sin su supervisión. No son “solidarios”, si no Titulados Superiores de la Familia de Servicios a la Comunidad y se supone que saben lo que hacen, pero simplemente les gusta aparentar ser “solidarios”. Son ellos, después de haber aprobado unos exámenes de unos cuantos libros, quienes no me tienen que exponer a mi a esta marginalidad, más que esperando que me contamine la pobreza.