<Sábado, 10 de abril 2010


LA PAREJA DE MODA

imagen-parcial-de-un-cartel-la-digna-rabiaHacia varios días que no veía a Saturnino y cuando esta tarde coincidimos en Café y Calor, lo he visto muy contento, de lo cual me alegro. Mientras abordábamos nuestras conversaciones habituales allá donde las dejamos la última vez, me pasó por debajo de la mesa tres cigarrillos. Me dijo que “los guardase”, mientras miraba para que no nos observara ningún usuario del Centro, olvidando de las sospechas que les pudieran surgir a nuestros Trabajadores Sociales. Mi alegría de ver saciado mi vicio en las próximas horas, contrastó con la pena que me dio por pensar de donde ha sacado el dinero para comprar la cajetilla. No hacia falta que me lo dijera, aunque tampoco creo que fuese necesario que me lo dijera al oído, “Aquilino le ha llevado con él a pedir por los pueblos”. Al final, para que el Vigilante nos dejase de vigilar, salimos a la calle y mientras fumábamos, dimos un paseo, donde me contó los beneficios de su nueva vida de mendigo, “dejar de coger colillas o poder tomarse un café”. Aun así, a sabiendas de conocer mi opinión sobre este asunto, no podía disimularme su alegría mientras me lo contaba, ni tampoco dejarme de hablar de su mentor como si fuese una persona inteligentísima, solo por conocerse todas las rutinas de aquellas personas que suelen dar dinero.

Pese a que Saturnino no se dé cuenta, creo que Aquilino se beneficia de él mucho más de lo que se imagina. Un transeúnte tan conocido desde hace tantos años, famoso por ser un faltoso cuando bebe, mejora mucho su imagen presentándose en los pueblos con alguien tan educado como Saturnino. También, el hecho de que un alcohólico esté con un abstemio, malo no debe de ser para lo que es la enfermedad en si. Podría seguir añadiendo que la evidente gratitud de Saturnino, servirá para que cuando Aquilino se vuelva a emborrachar no acabe en Comisaria o en Urgencias, aspectos estos que terminan en el Juzgado de Guardia.

Quizás por que era el día, quizás incomodo por leer en mi mente el sincero aprecio que le tengo, que quizás lo abrumase, me contó algo que aun no doy crédito. Después de más de un mes diciéndome lo mala que era su mujer, me ha confesado que “es un ludópata” con lagrimas en los ojos. Parece ser que ha dilapidado el patrimonio de la familia, menos la casa donde vive su mujer junto con sus hijas. Quiso hacerme creer que no se había atrevido a apostar la casa familiar, pero sonaba a que le había presentado los papeles a la copropietaria y ella se negó. Aunque este mal decirlo, mucha gracia me hizo oír a un mentiroso, escucharle el suplicio que tuvo que pasar queriendo ocultarle la verdad a su mujer, hasta que finalmente se derrumbó y se lo confesó.

1312125105221_fMientras hablábamos, sonó su teléfono y era Aquilino que había llegado al Centro de día, que al decirle que estábamos en el parque, se acercó hasta donde estábamos. Aquilino se nota que está disfrutando enseñándole el oficio a su nuevo amigo, que también quiere ser mi maestro y tras estar escuchándoles, me propuso acompañarles a conocer al Padre Chus. Fiel a su estilo, no solo trató de tonto a una cabeza de oro de la Iglesia, si no que me lo definió como un “maricón revenido”. Aquilino se pensó que me haría gracia su típico comentario contra un Sacerdote, pero estoy cansado de que todos los Curas sean pederastas y que a ninguno se les reconozca valía alguna. Además, si fuera cierto que a ese Cura le gustan los hombres, sumado a la necesidad que ha tenido Aquilino de dinero para beber o fumar como un señor, ¿que se habrá visto hacer? o ¿que le habrá hecho? Tras haber estado precisamente hablando de él antes de que llegase, Saturnino le cortó para decirle que yo “no estaba por la labor”, que Aquilino me dejó el tema. Ellos querían ir a ver a este Cura para ver si les paga un mes de pensión, “si les montan una buena película”, así que cuando quisieron encaminarse a visitarlo, nos despedimos, deseándoles suerte por que ninguno de estos dos cincuentones se merecen vivir “en la calle”. Cuando por fin se fueron había estado fumando los tres cigarrillos, que me fui a buscar unas colillas hasta la hora de la cena.


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