<Jueves, 4 de marzo 2010


DIA 8

He despertado antes de la hora, inquieto por la mudanza y Amadeu me ha regalado un cigarrillo mientras recogía lo poco que dejé pendiente ayer. Me volví a tumbar a fumarlo hasta que fuese la hora y pudiésemos salir de la habitación. Hemos estado hablando y aunque aún es prematuro para comprender todo lo que me ha dicho, Amadeu me ha dado alguna pincelada más sobre mi nuevo mundo.

“En la calle hay mucho hijo de puta suelto”, como si a mi me fuese a gustar que me vieran con ellos, como si yo fuese a hacer tratos con nadie de por aquí, como si yo no me los oliese. “Todo pasa por los Trabajadores Sociales”, que aunque soy reacio a que quede constancia de ello, no me queda más remedio que hablar con ellos para que me ayuden. “Hay mucho hijoputisimo en los Trabajadores Sociales”, pero a mi esto no me va a afectar, lo único que quiero es conseguir un trabajo para dejar atrás mi pasado. “Aquí no nos tratan a todos por igual” y me parece relativamente bien, aunque la reserva en Oviedo o el día de más, contrasten con que no me renueven. Y que en definitiva, “que lo que voy a ir comprobando no me va a gustar nada”. Me gusta que me hablen claro, pero hoy me he quedado boquiabierto oyendo su opinión. En resumidas cuentas, recién despertado, por fin alguien me contestó sin tapujos lo que quería saber, tranquilizándome del todo con una imagen tan negativa, que sería para no levantarse de la cama si pudiese quedarme en ella. Me despedí de Amadeu que “hoy no desayuna por ponerse a pedir temprano” y yo me subí al comedor.

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Es extraño estar en un Albergue de indigentes, aquí hay gente mayor y más joven, los hay majos y los hay que mejor ni hablarles, hay mucho drogadicto pesado, los hay guapos y los hay feos, los hay de todos los colores, hasta por haber, hubo un sueco que estuvo muchos años en Benidorm. Se podría decir que no es para tanto, pero la verdad es que lo prefiero a encontrarme solo en una habitación, dándome vueltas la cabeza. Al final marché sin conocer el Ropero de Cáritas que abre los lunes y jueves a las 16:00. Teniedo la plaza asegurada en el Albergue Municipal, podría esperar a que abrieran, pero prefierí marcharme lo antes posible a Oviedo y ver como sería aquello.

Al salir con mis cosas, vi aparcando a la Directora Luisi justo enfrente de la puerta del Albergue, que me fui hacia la derecha para no tener que saludarla. Antes de marchar, me pasé por la Biblioteca a comprobar que no tuviese ningún e-mail. Según me iba hacía la calle Fuero de Avilés a coger el coche, me encontré “trabajando” a Amadeu y aproveché para pedirle el último cigarrillo. Menuda última lección me ha dado; “pedir tabaco también es pedir, que yo para fumar tengo que poner la mano”. Me lo dijo sonriéndome, en voz bien alta, mientras sacaba el paquete y casi me muero de la vergüenza del que diría la gente que pasaba en aquel momento, marchando con la cabeza gacha fumando.

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Mientras conducía, me puse a pensar en que me daría un ataque de nervios yendo caminando por cualquier calle de Oviedo y que por ver a la Denunciante, alguien me recriminase que debía de alejarme a trescientos metros de ella. Volvía a mi ciudad natal, tras menos de una semana que me juré que no volvería nunca más, tras regresar recientemente después de diez años que me juré también que no volvería más. Lo que tengo claro, es que ahora de Asturias no me voy a volver a ir. En Asturias me quedaré hasta que no me sacié de ella después de una década.

Llegué sobre las 10:00 a Oviedo y aparqué en el parking que hay por encima de la calle Bolgachina. Bajé la travesía Armando Collar y me abrió la puerta una Trabajadora Social, a quien me presenté como “el chico del Albergue de Avilés”. Primeramente, “no era Trabajadora Social” y segundo, “a nadie se le reserva plaza por que es muy injusto con las personas que esperan desde las 8:00 en la puerta”. Me quedé cortado y me parece que mi gesto me ha congraciado con la Conserje, que se llama Pili. A mi la cara de Pili me suena de algo y si no, apostaría que es una mujer campechana del occidente asturiano, que es muy buena presentación. Como el famoso Trabajador Social Marcos estaba ocupado, Pili me mandó que fuese a desayunar al Centro de Día, que está en el patio del Albergue. Como no quería volver a meter la pata con ella, fui a conocer el Centro del que ya me habían hablado.

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Al abrir la puerta del patio del Albergue, me separaba del Centro de día un patio de 10 metros por 20 metros de ancho, con mesas a los lados y tres personas consumiendo tabaco. Saludé a los parroquianos y entré a la moderna edificación, con todo el frontal acristalado y su puerta de entrada en medio de la cristalera, sin duda, realizado por algún Estudio de Arquitectura. Dentro del Centro había sobre diez personas y dos Trabajadoras Sociales con batas blancas. Una de las trabajadoras Sociales cuando me vio, debió de verme la cara de perdido que tenia, que cuando entré, me saludó sonriéndome. Su cara parecía que dudaba si era una visita o un indigente, que no recuerdo con que sutileza salió de dudas y me hizo más llevadera de lo que esperaba la entrada. La otra Trabajadora Social sacaba en ese momento; dos termos y la bandeja con azúcar, cacao, vasos desechables y un bote cilíndrico con galletas maría, lo mismo que en Avilés. Aproveché para servirme mi primer cola cao y me senté a ver la tele.

En estas entró Pili a avisarme y volví al hall de la entrada donde está el Despacho del Trabajador Social. Con Marcos, el Director del Albergue, un asturiano de 50 años, he hablado nuevamente de todo lo que hablé en Avilés. Esta vez me resultó mas fácil empezar a hablar, después de haberlo hecho antes de ayer, con la diferencia que Luisi utilizó la zorrería preguntándomelo y a Marcos se lo conté yo directamente para zanjar el tema. Me supongo, que los Directores de dos de los tres Albergues de Asturias, contrastarán entre ellos la información, sobretodo si los dos pertenecen a Cáritas y todos conocemos la precisión de la Iglesia, las ventajas de Internet, la operatividad de los ordenadores y las posibilidades telefónicas. Me ha preguntado “por el trabajo” y le dije que “en un par de semanas tenía una entrevista en IMASA“. Me sonrió a lo zorro con su ojo bizco y en vez de cinco días, “me ha dado hasta el día 12 de marzo”, el día que le dije que tenía la entrevista. Eso si, me ha advertido, “si no consigo el trabajo, me tendra que echar por que hay mucha gente”, y me sonó a ultimátum. La entrevista duró poco y respiré medio satisfecho cuando me mandó salir. Creo que conseguir un trabajo a estas alturas, es difícil para mi, pero más difícil lo es para la mayoría de los “internos”, que no he entendido bien el motivo de darme un ultimátum, entre “carrilanos” que van “de Albergue en Albergue”. No siento ni una pizca de agradecimiento.

En la comida no pude evitar por menos que sentir nostalgia de mi vida pasada y todo por ver desde dentro el famoso Comedor Social del Albergue de mi ciudad natal, cuando las veces que lo habré visto sería tumbado en la casa de mi padre, viendo Panorama Regional, antes del Telediario, después de haber comido.

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Tenía pensado quedarme hasta las 16:00, que abre por la tarde el Centro de Día, sentado en el pasillo que cruza el hall de entrada, pero me enseñaron la sala de la televisión del Albergue y desde allí vimos el Panorama Regional. Cuando conocí el Centro de Día estaba esperando a la noche, para saber si aquí podríamos ver hasta el final la película “Los fantasma de mis ex novias” (2.009), que he comprobado que termina a las 23:40. Ahora estoy desconcertado, han jodido el patio interior del Albergue para poner el Centro de día con una Sala de Televisión, un Despacho y una Consigna, cuando ya había una Sala de Televisión de parecido tamaño y donde poner el Despacho y la Consigna. Me imagino el motivo, alguna Subvención del Ayuntamiento que había que gastar. A mi forma de ver las cosas, me parece un despropósito lo que han hecho en el patio, pero creo que en todos los sitios es igual, aunque aquí malgastar el dinero sea mas delito que en ningún otro lado.

ruta

Por la tarde no he salido del Albergue, no quería por nada del mundo encontrar a nadie conocido, ni mucho menos a alguien conocedor de mis circunstancias. Estuve esperando a la hora de la cena, entré el Centro de Día y el patio, el patio y el Centro de Día, el Centro de Día y el patio, hasta que al final, después de cenar, solo quería dormir y ver que pasará mañana.


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