<Domingo, 7 de marzo 2010


DIA 11

Esta mañana, la Trabajadora Social Ana, que es la Subdirectora del Albergue, me hizo entrar al Despacho para llamarme la atención, por que se quejó de mi el tío con el que compartí la habitación esta noche. Ayer el Trabajador Social me advirtió de que “esta noche iba a dormir con un compañero”, que después de que nos apagasen la televisión a las 00:00, subí al ala de los “internos” con ilusión de conocer con quien me tocaría dormir. Entré en la habitación y lo saludé, pero resultó ser una persona reservada y seria que no me devolvió el saludo. Era un chico de unos 30 años y español, que su primera reacción al verme fue mirarme con recelo y seguir con sus preparativos para meterse en la cama. Sin más que hablar, yo me desvestí y me acosté.

Después de despedirme de Amadeu, me apetecía conocer a gente como él, o incluso como Sven, pero de lo único que me di cuenta es que este tío, al igual que Amadeu y Sven, tenia experiencia en estar en los Albergues y que en su caso, quizás las malas experiencias lo hacían ser más desconfiado, quizás por que tenia todas su pertenencias en la habitación, incluido un ordenador portátil. Con el sueño tan profundo que tengo, puedo entender perfectamente su inquietud. No me gustaría saber lo que se siente. Yo por suerte las tengo todas guardadas en el coche y al final, va a tener razón el Trabajador Social gay de Avilés, con la suerte que tengo por tener coche.

Esta mañana me desperté con un gran desasosiego en mi interior, con el corazón acelerado y sin reconocer donde estaba. Me levanté de golpe de la cama, sin saber donde se podía encender la luz para que acabara esta horrorosa sensación, que por no tener la más ligera idea de donde estaba el interruptor, me puse aún más nervioso. Aunque distinguía donde estaba la ventana y las camas, me vi palpando alrededor del marco de la puerta hasta que conseguí encender la luz, calmando así esta desazón y comprobando donde estoy. Mi tranquilidad duro poco, ya que una vez comprobé que estaba en el mismo sitio donde me había acostado ayer, dio paso a las quejas airadas del compañero, que por el tono que utilizó conmigo recién levantado, solo sirvió para que discutiese con él. Él también se levantó de golpe de su cama, que al estar enfadado y al acercarse a mi de este modo, sin que me disculpase y sin explicarme, me mantuve firme delante del interruptor, hasta que desistió y se volvió a acostar, momento que comprendí que tenia razón y apagué la luz. Después entendí que no era que se hubiera acercado a por mi, sino que él quería apagar la luz y seguir durmiendo, y que si desistió, fue por que me vio dispuesto a pelearme con él si hubiera sido necesario. Fue una situación ciertamente inesperada e impredecible.

Todavía no entiendo aún el ataque violento que me dio esta mañana, que hizo que estuviera dispuesto a pelearme. No fue por la sensación con la que me desperté, ni tan siquiera fue por las formas con las que se dirigió a mi, tampoco por lo que he estado viviendo estos meses desde que volví de Canarias, ni por ninguna de las cosas que se me han podido ocurrir pensar. En cambio, pienso que podría ser por el ambiente que se respira en este “mi nuevo mundo” y la violencia de la que aquí todos presumen poseer, que es una conducta que siempre me fue ajena y reprobable en los ambientes en los que he procurado moverme. Yo, que no soy una persona violenta, que no soy una persona que me guste imponerme a nadie, que no me se pelear salvo para defenderme, me llama la atención poderosamente mi reacción, que solo podría empeorar más las cosas de cara al Juicio que tendré contra mi madre. Por ello, no puede dejar de joderme que este tío se haya chivado a la Trabajadora Social, que se lo ha tomado muy en serio, hasta para hacerme entrar en el Despacho para saber mi versión, a última hora de la tarde. Yo entré pensando que era para hablar sobre la posibilidad de convertirme en “seguimiento” y me encontré con esta papeleta. Al principio se lo negué, después lo cuestioné, para finalmente reconocérselo y explicarme, en algo tan idiota. Durante la cena no lo vi. Si ya me pareció idiota cuando tenia que compartir conmigo la habitación y no me devolvió el saludo, mucho más idiota me parece que se haya quejado a la Trabajadora Social por mi falta de civismo.

Después de cenar he estado viendo la película y subí a la habitación. La sola idea de encerrarme con él durante toda la noche me ponía nervioso, pero para mi sorpresa hay otra persona en la habitación y todo lo que he estado pensado no me ha servido para nada. Antes de acostarnos hemos estado hablando, más bien me estuvo analizando tan finamente, que hasta me resultó didáctico. Yo, que en mi cabeza solo tenia este asunto, fue lo primero que le conté. Por su parte, él me contó que era un recluso del Centro Penitenciario de Villabona, que ha cumplido una condena de 10 años por atracos a mano armada, pero que por su mala conducta lleva preso 12 años. Durante todo este tiempo, no le han dado ningún permiso para salir y se lo han dado ahora por que le falta poco para cumplirla íntegramente. Le llaman Joe, él es un asturiano de algo más de 40 años, delgado, con el pelo blanco, una nariz larga y unos ojos pequeños, que no le han dejado de brillar cada vez que me hablado de “su libertad”.

Con semejante presentación sin anestesia, me imagino la cara que tenia que tener para que no se me notase lo flipado que me tenia y la curiosidad que me causaba todo lo que me estaba contando. A Joe, le resultó gracioso el enfado que tenia con el “chivato”, ya que él no los puede ver. Ni a ellos, ni a los Funcionarios de Instituciones Penitenciarias, ya que el orgullo con el que me contó que no había tenido Permisos carcelarios, sumado a que ahora no se los podían denegar, algo tendrá que ver los dos años que ha pasado de más dentro. Me imagino que los comentarios que le aporté en nuestra conversación, no le dejarían de parecer ñoños. También pensé que hubiera hecho yo si en vez del anterior “compañero”, le hubiera encendiendo a Joe la luz antes de que fuera la hora para ello. Algo que prefiero no pensar y tener más cuidado para la próxima vez. Joe me ha dicho que solo va a dormir esta noche en el Albergue y que mañana se va a ir visitar a su abuela, que es la única que se ha preocupado por él durante todos los años que se ha pasado en la cárcel y lo vi totalmente ilusionado por que lo viera en “la calle”, paradojicamente para mi ahora. Por su forma de contármelo todo, podría parecer que lo pasó bien durante todos estos años, pero no quiero ni imaginarme lo que debe de ser entrar en una cárcel con la misma edad que tengo yo ahora y salir con más de 40 años.

Creo que se me había olvidado donde estoy y que tengo que ser más cuidadoso. No quiero que además de la Denuncia por Violencia en el Ámbito Doméstico, la Policía me identifique por “una reyerta con otro indigente en un Centro asistencial”, que creo que es así como lo llamarían los periódicos. Un Atestado con estas referencias me marcaría de por vida, al igual que la Denuncia de mi madre, sin saber que consecuencias podrían tener en mi futuro.


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