<Lunes, 15 de marzo 2010


DIA 19

Como ya había sido “advertido”, me han echado del Albergue Municipal de mi ciudad natal, donde estoy empadronado, tras diez días de estancia. Diez días, pero debo agradecerles que me dejasen dormir el fin de semana, ya que la entrevista con IMASA fue el viernes. Esta mañana he estado pensando que quizás sea mejor marchar a Gijón, si en Gijón es donde quiero empezar. Después de haber leído en el periódico El nuevo albergue se hará en 8 meses//elcomercio.es//8-3-2010, se ve que no les importa gastar en las personas, no como en Oviedo, donde te dejan dormir unos días en una cama con somieres viejos, y ya han hecho mucho. Cogí el coche y me fui sin mirar atrás.

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Con el deposito de la gasolina en reserva, tiro para adelante conduciendo despacito, con la matricula de Tenerife por bandera, que algunos se creían que por pitarme iba a ir más rápido. Al llegar a Gijón, consigo mi propósito mirando la aguja de la gasolina que parece que no se ha resentido mucho, pero lo justo para preocuparme más. Dejo el coche en el aparcamiento gratuito que hay en la avenida Portugal, donde terminan las Torres del Polígono de Pumarín. Aparcó pensando el lugar que más me interese para pasar la noche desapercibido, por si acaso no hubiese una cama vacía en alguno de los dos Albergues. Salí a buscar la Oficina de Información al Transeúnte y me resultó facilísimo encontrarla en la avenida Constitución. Eran las 13:45 y aunque había soñado que llegaría a la hora de la comida para poder comer algo, tuve que esperar a las 18:00 a que abrieran por la tarde.

Aproveché el tiempo para ir a ver los dos Albergues. Primero fui a ver el Albergue nocturno de la Cocina Económica, en la calle Mieres, que esta a 400 metros de esta Oficina. Cuando encontré la Cocina Económica, vi saliendo del edificio a una pandilla de drogadictos gritando y riéndose. Me he acojonado. Hundido, he buscado el Albergue Covadonga, que al encontrar la calle Comercio, vi que se trataba de un edificio nuevo, dentro de un gran aparcamiento gratis. Está en un extraño páramo de la periferia, cerca del centro de la ciudad, donde hubo Talleres y Fábricas que se mudaron a los nuevos polígonos. Al comparar los Albergues, lo he tenido claro, pero con la suerte que tengo lo he visto nítido.

Dejé que diesen las 18:15, para dar tiempo a la Trabajadora Social a que se sentase. Cuando me decidí a entrar, me encuentro con una estancia pequeña como sala de espera y al fondo con su puerta cerrada, un privado. La sala de espera tendría un metro de ancho, por tres metros de largo, y uno metro más para el privado donde me atendió la Trabajadora Social. La zona pública está separada de la zona administrativa, por un tabique divisorio marrón con una cristalera, la cual en la sala de espera tiene persianas venecianas que ocultan el interior de la oficina y en el privado tiene un mostrador pequeño debajo del cristal. Al final de los cuatro metros, me atendió en el privado una Trabajadora Social de unos 50 años. Le dije mi situación de venir de Oviedo y Avilés y le pregunté, “¿si había cama?”, a lo que me contestó que “sí”. Se me queda mirando atentamente y me preguntó que, “¿cual de los dos Albergues prefería?. Sorprendido y tímidamente, pregunto como si no supiera, que al final le digo que “había oído que el Albergue Covadonga es mejor”, que me asiente y se lo confirmé como mi primera opción. Mientras me rellenó mi “Vale” para que se lo entregase al Portero, le pregunté su nombre y me contestó que “Elena”. Le pregunté “¿si trabaja para el Ayuntamiento?”, y me contestó que “trabaja para Cáritas”.

Me dio cama, pero me dijo que “mañana tengo que conseguir y entregarle obligatoriamente a su compañera de mañanas, toda clase de papales”. Un Certificado de Empadronamiento, de donde estoy empadronado, un Certificado del Inem, para saber si cobro o no cobro Prestaciones, un Certificado de la Seguridad Social, para saber si percibo o no percibo una Pensión y un Certificado del Catastro, para saber si no tengo o no tengo Propiedades a mi nombre. Muy satisfecho, salgo con una lista de direcciones de Organismos Públicos y el “Vale” para ir al Albergue, para el cuál me fui rápidamente, “por que la Monja reparte las camas antes de cenar”. Cuando llego, picó a la puerta de hierro pintada de rojo de la entrada y me abre el Portero al que le entregó el “Vale”. Me dijo que “la Monja no había empezado a repartir las camas”. Me senté a esperar en un banco del Patio interior del Albergue, donde parecía que todos desconfían de mi hasta que les pedí un cigarro y un viejo me invitó a un MALBORO. Antes de la cena, baja la Monjita que da las camas y me mira mal. Le pongo cara de “no saber de que me está hablando” y me mandó que “la acompañase a la primera planta, la segunda planta es de las mujeres albergadas y las Hermanas”. Me riñó diciéndome que “está prohibido subir” y no entendí su forma de decírmelo, como si yo la hubiera desobedecido un ciento de veces. Subimos acompañados del Portero, me enseñan cuál va a ser mi cama y me sigue leyendo la cartilla.

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Llega la hora de la cena y sacié el hambre del mediodía. Subo para la cama pensando que mañana, para conseguir todos los papeles que me ha pedido la Trabajadora Social Elena, tendré que ponerme a cuatro colas por todo Gijón.


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