<Jueves, 25 de marzo 2010


DIA 29

En estos días que llevo “en la calle”, he conseguido adaptarme al Albergue y a los albergados, al Centro de día de Café y Calor y a sus usuarios. Después de las consecuencias sociales que me ha causado la inestabilidad laboral; no tener dinero, no poder comprar nada, no poder hacer nada o tener mucho tiempo libre, que ahora estar aquí, me está resultando relativamente fácil. La inestabilidad laboral me ha causado no poder tener vida social, no poder mantener la que tenia o que no me apeteciese salir de casa, que estar entre tanta gente, de edades tan dispares, tan diversa, ahora más que nunca, me resulta sumamente positivo. Ahora mismo, es tal la novedad que me supone que no puedo negar que estoy encantado de estar aquí con ellos, lejos de estar pensando en mi madre y en el Juicio. Mi actual rutina de estar a “pensión completa” en el Albergue y utilizar como “complejo de ocio” el Centro de día, hace que dentro de la generalidad de personas que hay, me relacione más con unos que con otros, dependiendo si estoy en el Albergue o en el Centro día.

En el Albergue suelo estar con Saturnino, un asturiano de 63 años, que vive desde hace 35 años en Toledo, donde están su ex mujer y sus tres hijos. Es su primera vez en un Albergue, donde solamente lleva un mes y esto significa que en la Oficina de Información al Transeúnte ya le han dado tres prolongaciones de estancia. Saturnino trabajaba “ganando mucho dinero” de destajista en la construcción, que permitió a su ex-mujer “llevar un tren alto de vida durante su Matrimonio”, “ahora se lo está gastando en Abogados para divorciarse de él” y lo ha puesto literalmente “de patitas en la calle”. Con esta explicación para “¿como estás tú en la calle?”, contada entre risas, Saturnino cumple una de las mayores virtudes que considero que se puede tener en la vida, sobrellevar los malos tiempos con sentido del humor.

Saturnino es un Señor, es una persona educada, tiene cultura, me gusta su conversación y sabe hablar de poco un todo. Saturnino sobrelleva mejor que yo todo lo relacionado con Bienestar Social, aunque los dos llevamos igual de mal el tema de fumar. Él es con el primero con el que he hablado abiertamente de “coger colillas” y me ha dado algún consejo al respecto. Más de una vez hemos salido a dar un paseo en busca de algo que fumar. Al igual que yo, ve denigrante ponerse a mendigar en la calle y menos para comprar tabaco, y a ninguno de los dos nos gusta ir molestando a los fumadores que caminan por la calle para pedirles un cigarrillo. Con todo lo que podemos caminar hasta encontrar seis colillas, estamos pasando mucho tiempo juntos y tenemos una visión parecida de nuestra situación y quienes nos rodean.

Hace poco le han reconocido a Saturnino una pequeña minusvalía, gracias a la cual puede optar a varias plazas reservadas para minusválidos en la Diputación de Toledo, pero el tema del Empadronamiento le supone un inconveniente. El inconveniente viene dado si intentase empadronarse y arreglar su situación administrativa en Asturias, causándole perder en Castilla-La Mancha el único trabajo que se ve capacitado para desempeñar. Su caso es paradójico, tener 63 años, necesitar 2 años de antigüedad en el Padrón y que a los 65 sea la edad de la jubilación. Por otro lado tiene suerte, ya que puede solicitar el subsidio de la RAI, la Renta Activa de Inserción, para parados de larga duración mayores de 45 años. La mayor diferencia entre la RAI y el Salario Social, es que la RAI no es competencia de las Comunidades Autónomas, sino del Ministerio de Trabajo, por tanto puedes solicitarlo en todo el territorio nacional, indiferentemente de donde estés empadronado.

En el Centro de día suelo estar con la pandilla que se sientan en la mesa de la esquina de la cocina, que normalmente somos seis: Almudena, Vane, Gervasio, Emil y Cundi. Cuando estamos todos juntos, lo que mas hacemos es estar hablando de nuestras cosas, mientras tomamos cafés de la maquina expendedora de bebidas, aunque también solemos ponernos a jugar al parchís o a las cartas. Somos un grupo de personas bien distintas entre nosotros.

Almudena nació en Sevilla en 1970, con 20 años se fue a trabajar a Menorca, donde se casó con un isleño y tuvieron dos hijos. Unos años mas tarde se separó de su marido, quien nunca le ha pasado una Pensión por sus hijos y no es difícil de imaginar que esta situación la fue ahogando, simplemente viendo como me afecto a mi la inestabilidad laboral siendo soltero. Hasta aquí no deja de ser una historia familiar tan habitual en estos tiempos, que ahora se las llama con naturalidad “familias monoparentales”. Su situación económica se debió de ir deteriorando paulatinamente hasta que acudió a su Trabajadora Social, de la que dice que no recibió un trato correcto. Indignada fue a quejarse a la Concejala de Bienestar Social de Gijón para exigirle una solución a su problema, irrumpiendo en su despacho. Almudena me ha dicho que esto le ha supuesto entrar en la “lista negra de los Servicios Sociales”. Como me lo ha contado, no le puedo reprochar su manera de actuar, ya que yo hubiera actuado del mismo modo ante una situación tan desesperada. Sin ninguna clase de ayuda, perdió la vivienda donde estaban, el Principado le retiro la tutela de sus hijos, que ahora están en un Centro de Menores y ella entró en el Albergue hace seis meses. Almudena está buscando un trabajo de camarera, para poder alquilar una casa y sacar a sus hijos del Centro. Hablando de trabajo, resulta que ella trabajó también de camarera en el Pub´s Anticuario, que no pude dejar de contarle lo que me pasó la semana pasada con Eduardo y no ha dejado de hacerle gracia la anécdota.

Vane es gijonesa, tiene 31 años y es una revolucionaria en un sentido apolítico y literal de la palabra. Pese a lo joven que es, ya tiene cuatro hijos y no descarta tener otro con Emil, que es su actual pareja y quien comulga con todas y cada una de sus burradas, que no son pocas y las tiene de todos los tamaños. Pocas personas he conocido tan burras como ella. Vane ha trabajado siempre en las sidrerías, de ahí la espontaneidad que se gasta, agravada por su vicio a la cocaína, que hace que haga todo lo que se le pase en ese momento por la cabeza, sin que después le queden remordimientos. Con esta personalidad, no puedo evitar alegrarme de estar de su lado, aunque también estar de su lado me acojone de verme comprometido en situaciones ridículas, donde su limite está en el cielo.

Gervasio nació en Ponferrada, tiene 35 años y es un drogadicto de la vieja escuela, que nació 20 años tarde, aunque por el bagaje que tiene se ha conseguido poner al día. Su sentido del humor y la forma en que me cuenta estas cosas me encantan. Tiene un sentido del humor claro, inteligente, sencillo, cínico, atrevido pero respetuoso. Aparte de la heroína para fumar que se compraba, entre risas, encuentra paradójico que “los Psiquiatras le regalen Metadona, un medicamento para reducir sus síndromes de abstinencia y que le receten sus pastillas de colores”. Ahora, estando en este grupo que ninguno nos drogamos, está intentando dejar de drogarse. Con Gervasio, aparte de la edad, compartimos el mismo amor por su tierra, y desde que me lo comentó ayer, haber hecho el Servicio Militar en el mismo Cuartel en Ceuta.

Emil, es rumano gitano, tiene 29 años, habla bien español y tiene parte de su familia en Gijón. Emil me ha confesado, que “si está en la calle es por que está enamorado de Vane” y “que podrían vivir los dos en la casa de su hermano”, pero curiosamente a Vane no le gusta la familia de su pareja “por que son rumanos gitanos”. Emil es machista, un chulo, ademas de celoso y posesivo, pero no por ello deja de perdonar a Vane todas las infidelidades que ha tenido desde que están juntos, que todos los días, Vane le confiesa entre reproches inaguantables. No puedo negar que admiro la paciencia que me demuestra todos los días, en situaciones que a mi me desbordarían. Él es así, jovial, romántico, desprendido, desinteresado y en definitiva, muy majo. Emil es el primer rumano que tengo la oportunidad de conocer.

Cundi es asturiano, tiene 50 años, se gana la vida pidiendo en la calle y es un indigente “profesional”, sin adicciones, ni vicios, salvo los inconfesables. Cundi lleva más de la mitad de su vida en este mundo y se lo conoce al dedillo. De mano lleva en el Albergue desde hace tres meses renovando todas las semanas, con la escusa “de estar a la espera de ser operado por unos granos en el estomago”. La explicación que me ha dado para que por una patología que no necesita posoperatorio le renueven, es debida “a que conoce desde hace muchos años a la Trabajadora Social Mónica”. Cundi perfectamente podría ser uno de los transeúntes que se ven en la televisión, cuando hay alguna noticia sobre indigentes. Aunque él me lo niega, creo que le gusta Almudena, sobretodo por su forma de justificarse por ser tan generoso con ella.


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