<Jueves, 25 de febrero 2010


DIA 1

Por fin, hoy me han sacado de la Comisaría y las opiniones en voz alta de otros detenidos que “nos íbamos a quedar otro día más”, eran meras conjeturas. Tengo la cabeza agotada por mis colegas de los otros calabozos, desde que llegaron “Espinete” y su amiga de amanecía, que pensé que estábamos en Barrio Sésamo, por las tonterias que no dejaron de decir. Mientras las metían para adentro de su celda, me ha sorprendido el vocabulario soez que le oí a un policía, que seguro conoceré de haberlo visto por la avenida de Buenavista. De acuerdo que la situación para mejor sobrellevarla, hacia posible la ordinariez, pero en un calabozo franquista, con muy poco cambio en la decoración, me sirvió para ver un capitulo en vivo de “Cuéntame como paso…”. Mi compañero de calabozo estaba muy satisfecho conmigo, después de haberme tenido presente mientras estuvo hablando todas las horas, que cuando me iba estuvo a punto de darme un abrazo.

Me dieron traslado a los Juzgados, donde tuve la oportunidad de viajar en una de las furgonetas de la Policía. Parece mentira, pero lo he visto como una nueva experiencia en mi nueva vida, una excursión por las Instituciones Públicas más mencionadas de los últimos tiempos. Un querer saber lo que se siente dentro. Ayer, todo el día pensando en que había llegado el famoso día en el que mi madre me decía que “iba a estar solo en el mundo”, en el que tantos días he tenido que meditar de “¿como sería mi vida sin mis padres?”, que de momento solo disfruto con las pequeñas cosas de esta experiencia policial, sin tener en cuenta en la situación en que me veo. Ya improvisaré.

Tengo algunas cosas medianamente claras. Toda la verdad sin tapujos, ya no viviré mas en las consecuencias de las mentiras. No quiero que mi madre me pueda llamar “testigo falso”, por tanto hay que reconocer que eligió un buen momento para denunciarme. Mi comportamiento es indefendible, que lo que pueda añadir es secundario. Por lo contrario, su comportamiento parece ejemplar, muy del estilo de como le gusta a su amiga, la Celestina. Mi madre me dio el primer golpe y el mio fue menor. Me quiero ir de su casa. No quiero saber nada más de ellas. Lo único que tengo claro es que no quiero tratos, vamos a Juicio y sino voy a forzar el Juicio. Veamos que es lo que dice mi madre, haber como se retracta de esto, por que de echarse a atrás tendrá que explicar algo. Lo que sea, pero algo. Tengo ganas de saber, para bien o para mal, que es ese algo dentro del saber. Va a ser divertido saber que dirá de mi. En una mala, acepto de muy buen grado la Condena que me quieran imponer. No tengo Antecedentes Penales, creo que soy casi “blanco”. A la Cárcel no voy. Si me dicen que voy a la Cárcel, al momento les firmo el trato.

Los calabozos de los nuevos Juzgados son otra cosa, más como un moderno Matadero Municipal impecablemente limpio. Maniatadamente limpio, salvo el calabozo y los baños. Mientras pienso en esto y en lo que diré cuando esté delante del Juez, entra mi Abogado y comprueba que estoy aparentemente tranquilo. Me dice “que va a intentar hacer un trato“. Le dejé que hiciese su trabajo, dentro de haber confesado y de que volvería a hacerlo para no callar mi verdad. Ahora solo me quedaban unos minutos para salir a la calle, que ver el final del túnel tan claro lo mitigó todo. A la media hora vuelve mi Abogado muy satisfecho con unos papeles en la mano. Me propone “40 horas de servicio a la comunidad”, si reconozco “Insultos y Amenazas”. No era precisamente lo que esperaba. Parece ser que mi querida madre no ha conseguido parar su arrebato y espera que públicamente le dé la victoria de una guerra tan larga, tan fácilmente, que me he negado a aceptar semejante injusticia. Según me comentó el Abogado, “es un muy buen trato, no es normal un trato así”. Debe serlo, cuando soy sentenciado sin ser escuchado.

Me lo ofrecen desde los calabozos sin ser subido ante el Juez de Instrucción. Sabía que esto no sería como en las películas, que estamos en España, pero esto es muy distinto a lo que pensé que sería. Parece ser, que la discriminación positiva que las mujeres no comentan en sus charlas sobre igualdad en los Pub’s, las autoriza penalmente a condenar a hombres en caso de denunciarnos. Para mí supone más que una bofetada, supone tener que reconocer que mi madre tiene la razón y es tal la impotencia que me supone, que no he podido aceptarlo. Por tanto, me suben y era una Jueza, no un Juez. Me preguntó y le reconocí los Hechos. El precio de la batería del coche supone que me acusen de cocainómano. Intento explicar el fin de los sesenta euros y arreglarlo “solo reconociendo que fumo porros”. Me pareció que no se lo creía ni mi Abogado. Soló pude mencionarle el rasguño de la muñeca, que inflamada, le presenté como justificante. Surge el problema de dar una dirección a efectos de comunicación y avergonzado, tuve que indicar que no tengo ninguna, que no conozco a nadie en la ciudad que figura como mi ciudad natal. La Jueza, comprensible, le enjaretó mis cartas al Bufete de mi Abogado, que incrédulo, veía todo el trabajo que le estaba dando por no haberle hecho caso.

Me dan la libertad y salgo de los Juzgados, pensando solo en marchar de Oviedo. La Orden de Alejamiento no me permite recoger mi coche por que está aparcado a menos de 300 metros de mi victima. Desde los Juzgados vuelvo a Comisaría a preguntar, que cuando llego, no pude evitar pensar como un preso que ayer quería estar fuera y que ahora imagina que dentro de los calabozos hay otros detenidos. Quizás todavía estuviese mi colega de la celda. Entré y hablé con el policía de guardia, que me hizo esperar. A los cinco minutos, dos policías me acompañaron a la casa de mi madre, con quienes hablando, uno de ellos se dio cuenta que tengo acento canario y resultó que había estado destinado en Las Palmas, que al preguntarme “¿por donde viví?” y contestarle que “en el barrio de la Isleta, al lado del Bar Mojo Picón“, le debí de recordar sus identificaciones por la zona.

Cuando llegamos, la Denunciante contemplaba desde la ventana aparcar el coche-policial con los cristales tintados, queriendo intuir el interior, pero no le dio tiempo al tener que abrirles el portero automático. Su cara me lo dice todo. Conozco bien sus distintas caras apáticas. Si en algún momento en el calabozo pensé que mi madre se retractaría, estaba equivocado. Su cara era de orgullo. No puede evitar ser una “Cativa”, ni yo dejar de serlo. Apelándo a los policías por el dolor de mi victima, les pedí que “por favor, fueran ellos quienes subieran a por lo único que necesitaba, que si no les molestaba, no quería ver a mi madre”. El problema de recuperar el pen-driver donde guardo mi Curriculum, era mi única preocupación, mi máxima necesidad. Me costó mucho hacerlo y mis pocos conocimientos informáticos me obligaban a querer recuperarlo, para no tener que volver a depender de alguien que me lo pueda volver a hacer. El policía sube y baja rápido, trae el pen-driver y un neceser de aseo que mi madre le ha dado y parece ser, que ella tenía mi ropa preparada para que me la llevara. Que lastima que haya fallado en su último desprecio a su hijo. Quizás la Celestina también estuviese arriba con ella y supongo que se habrá quedado con las ganas de verme. Con esto, nos vamos al aparcamiento del Hotel la Gruta, donde estaba aparcado el coche. Como no tiene batería, necesito llamar a la grúa y los policías llamaron por la emisora. Llega la misma grúa que me asistió una de las veces y me alegra ver a alguien conocido en semejante trance. Cuando el coche ha arrancado, he pensado que será la última vez que pisaré la calle Fuertes Acevedo. Me voy sin mirar atrás.

Una vez me alejé, me dirigí a Avilés. Supuse que allí habría un Albergue o algo así. No quiero que nadie en Oviedo me vea en esta circunstancia temporal. Tampoco quiero ir a Gijón, ya que es la ciudad más industrial y donde me gustaría vivir mas adelante. Después de 10 años en Canarias no pienso marchar fuera de Asturias y menos a la espera de Juicio, que si me voy, sería para buscar trabajo, como para encontrarlo y tener que volverme.

En medio de la autopista me tengo que detener, no pude evitar llorar. Nunca había llorado así en toda mi vida, ni cuando murió papá. Supongo que es normal viendo el cambio que hay, en comparación a lo que había antesdeayer. Llorar es bueno, que después de llorar e intentar seguir llorando, reinicie la marcha. El coche lo aparqué a las afueras de Avilés, ya que es una Villa pequeña y todas las calles parecen céntricas. A la primera, encontré una zona gratis para dejarlo en oblicuo, donde me será fácil sacar el coche y una vez fuera, tengo una cuesta para dejarme caer y arrancarlo sin batería. Apunté la dirección para que no se me olvidase, calle Fuero de Avilés.

Quitándome el coche de encima, me he puesto a andar y he preguntado sin tapujos por el Albergue de Indigentes, que acabé en la avenida Cervantes, en el Albergue Pedro Solis, un histórico edificio con un magnífico Voluntario Hospitalero que lo regenta. Tras preguntarme y contarle lo que me había sucedido estos días, finalmente me confesó “que aquello solo era un Albergue de peregrinos”. Al verme que estaba agotado, antetodo por haberme hecho perder demasiado tiempo contándole mi historia, el hombre se apiado de mi y me propuso, extraordinariamente, “dejarme dormir una noche allí”. Mi cara se lo expresaría todo, que al final se informó a donde tenía que ir, “a la calle de la Estación”, donde está el Albergue que dirige Cáritas. Cuando nos despedimos, me quiso dar cinco euros que no le acepté. Bajando por la calle de la Ferrería me he encontrado una Iglesia románica y a un joven Monje con el sayo de los Franciscanos barriendo la puerta. Por su saber llevar el hábito, me ha recordado a Carmelo Gómez en la película Oviedo Express (2.007). Pensé que él sabría decirme donde estaba el Albergue, pero el hombre no lo sabía. Le hablé con tanta naturalidad que intuyó que quería una limosna. Me daba dos euros, con tanta humildad, que me dio vergüenza. Esto solo puede pasar en Asturias, aunque el Hospitalero y el Monje fuesen gallegos.

Una vez encontré el Albergue, subí y hablé con el Trabajador Social. Me ha llamado mucho la atención que fuese un gay con pluma. A mi no me supone ningún problema, pero me imagino la homofobia del colectivo al que pretende ayudar. Al principio me parecía un poco sorprendido, como si me conociese, que me incomodó, pero poco a poco le fui explicando toda mi actual situación, menos la Denuncia de mi madre. Lo primero que hizo fue tranquilizarme, “no iba a tener problemas para acceder al Comedor Social”. Con ello, “me garantizaba las comidas”. Me dijo que “el Albergue estaba lleno” y aquí el sorprendido fui yo. No había lugar a dudas y a pesar de que se lo volví a preguntar, me tuve que conformar con sus explicaciones y su empatía resignándose “a la cruel realidad”. Lo gracioso vino después, cuando me dijo que “la estancia habitual era de tres días”. Tres días al mes. Tú entras el día 1 y el día 4 te quedas otra vez en la calle y hasta el día 4 del próximo mes no tienes derecho a volver al Albergue. Las camas se reparten entre los primeros que estén en la calle a las 8:00, teniendo en cuenta los que salen de disfrutar los 3 días, por tanto hay que madrugar para no quedarse fuera. Menudo sistema. En algo me consoló, cuando me aseguró que “no creía que yo fuese a tener problemas para ser “renovado” más tiempo“. La estancia es de tres días, pero los Trabajadores Sociales hacen semanalmente “Reuniones Profesionales”, donde comentan los distintos casos y “amplían las estancia” a determinados “usuarios”. Después me preguntó “¿la localidad donde estoy empadronado?”, que es Oviedo, en la casa de mi madre. Me explicó algo sobre los empadronados en otras Comunidades Autonómicas, que como no es mi caso, no me enteré bien. Lo que si me recalcó fue que “pidiese cita para la Trabajadora Social que me corresponda por mi empadronamiento”, osease, Cristo-Buenavista.

Jamás me lo habría imaginado, que quien no quisiese dormir en la calle tuviese que hacerlo por falta de medios. No creo que le cueste tanto al Ayuntamiento de Avilés, un lugar habilitado permanentemente para dormir para los indigentes, que todos ellos se han estado gastando el dinero a manos llenas en tonterías, para luego comprobar esto. El Trabajador Social me sacó a ver las instalaciones sin haber acabado de responder mis dudas, que “para eso ya tendré tiempo para preguntárselo a la Directora, que es quien manda aquí”.

El Albergue se encuentra en un edifico histórico de la calle de la Estación y según me ha explicado el Trabajador Social, fue una donación de su propietaria a Cáritas. El edificio ha recibido una remodelación total ajustada al fin al que se destinó. En la planta baja está el ropero, aunque en primer termino está el ascensor y la caja de la escalera. En el segundo piso está la sala de la televisión, los baños de los “externos”, unos despachos y algunas de las habitaciones de los “internos”. El segundo piso está el cocina y el comedor, los baños con duchas de los “internos”, la sala de estar de los “seguimientos”, la sala de espera de los aspirantes a “internos” y el despacho donde nos atienden a todos. En el tercer piso están el resto de habitaciones para los “internos” y el cuarto piso son las habitaciones de los “seguimientos”.

Después, me dio todo lo necesario para que me diera una ducha, en dosis, desechables, reutilizables e incluso un peine nuevo. El champú y el gel en sobres individuales. La maquinilla de usar y tirar, como la esponja espumosa. La toalla hay que entregársela para que la vuelvan a lavar y el peine se lo devolví sin estrenar. Salí nuevo. Al poco, fue la hora de la cena y todos los presentes entramos en el Comedor Social, donde pudimos comer una sopa calentita de fideos y pescado con lechuga. Cuando terminamos, pregunté “¿si había que hacer algo?”, entiéndase por limpiar, que uno de los muchachos que habían estado sirviéndonos me dijo orgulloso que “era tarea suya”. Había pensado que eran Voluntarios, como los que salen por la tele, pero no son voluntarios, ellos son los “seguimientos”, personas que están ingresados para desintoxicarse de sus adicciones y tienen como responsabilidad hacer las tareas, “aunque no todos tiene adicciones”. Pues ahora yo también quiero ser “seguimiento”, está claro, mejor que me estén “renovando” cada tres días. Como no era el lugar, ni el momento, ni la persona adecuada, dejé estas preguntas y otras, para otro día, ya que no tengo pensado irme a ninguna parte.

Después de cenar, me fui a despedir hasta mañana del Trabajador Social, que estaba sentado en su Despacho. Me ha preguntado “¿donde iba a dormir?”, que le he contestado que “en mi coche”. Se ha aliviado que tuviera coche y me ha “pronosticado mal tiempo”. Me está cayendo bien este guaje. Me parece increíble que deba dormir en la calle, mientras él se conforma con que tengo coche. ¿Y si no lo tuviese? A saber a lo que llama mal tiempo. ¿Y si hiciese una tormenta que de verdad anegase la calle Galiana? ¿Que pasaría entonces?

Pensé en pedirle una manta, pero al final no me atreví. La noche ha estado agradable, que no pensé que fuese a hacer frío. Eran las 22:00 cuando me fui a dormir al coche y hacía frío. Mi coche es un seat córdoba cinco puertas, color turquesa, de 1600cc-75cv., con matricula de TF-6500-BU, que consume mucha gasolina como para encender mucho la estufa.


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